IDEARIO REFORMISTA
REFORMA UNIVERSITARIA DE JUNIO DE 1918 Y SU IMPRONTA
UNIVERSAL
*por Alberto J. Lapolla. - 28/7/04 (Argentina)
Los dolores que quedan son las libertades que faltan.
Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos
lo advierten: estamos pisando una revolución, estamos viviendo
una hora americana. La rebeldía estalla ahora en Córdoba
y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido
y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios
de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio
secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización
segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar
en donde todas formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la
cátedra que las dictara...'(1)
!Temblad oligarcos la Revolución está en marcha...!.'(pintada
cordobesa de 1918) El verbo inflamado e insuperable de Deodoro Roca
expresaba, una vez más, la tarea inconclusa de Moreno, junto
a la vocación y dimensión siempre americana de la redención
argentina. Los Jóvenes Rebeldes sacudidos por la crisis que
galopaba el país, el continente y el mundo, tomaban una vez
más la posta del efímero secretario de Mayo, en la
tarea de construir una Patria Americana libre de toda dominación
extranjera:
económica, política, social o cultural.
El marco era el adecuado; a veintiséis años de producida
la Revolución de 1890 contra el régimen probritánico
y oligárquico de Mitre y Roca (la República Conservadora:
'República' sin derecho al voto); producido el triunfo popular
de 1916, bajo el mandato del Peludo Yrigoyen -Alem se había
suicidado hacía ya tiempo, dejando huérfana a la Revolución
de su mejor dirigente- que prometía el fin de la postración
nacional impuesta luego de Caseros y Pavón; la Revolución
de los indios-campesinos mexicanos de Villa y Zapata alumbraba el
continente señalando con claridad la nueva Revolución
del siglo que comenzaba y que debía girar alrededor de la
igualdad y la distribución de la tierra y la riqueza, tarea
inconclusa en las abortadas revoluciones del siglo XIX. Tarea que
además ponía en el centro de la historia del momento
la otra Revolución, la que conmocionaba al viejo mundo: la
Revolución Bolchevique de Rusia que había acabado con
el reinado monstruoso de la peor de las autocracias europeas y que
echaba llamaradas de libertad, rebelión e igualdad bajo la
inspiración del gran Lenin y las tropas del Ejército
Rojo comandadas por León Trotzky. Una nueva aurora de los
tiempos se abría ante los jóvenes del mundo, al calor
de los gemidos y sufrimientos sin par desatados por la terrible Gran
Guerra que acababa de tener fin con la rebelión Bolchevique
y que había masacrado a la mejor juventud de la vieja Europa.
Una vez más la esperanza alumbraba los corazones juveniles,
arrogantes, dignos y combativos de una nueva generación argentina
y americana.
La Reforma sería una revolución cultural que se extendería
por América Latina y el mundo con su mandato de revolución
cultural, de democratización popular de las repúblicas
oligárquicas del continente y de acceso democrático
de los pueblos a la educación superior todavía reducto
cerrado de las oligarquías y el pensamiento confesional. Sería
una rebelión de los pueblos del Sur de América fértil
y potente. Sería la rebelión de la juventud cordobesa
la que iluminaría a la América española, continuando
la revolución cultural del arielismo inaugurada por Rodó y
Darío cuando aún resonaba la lucha de Martí y
su inclaudicable compromiso con la libertad y la dignidad de América.
La gran crisis abierta con la Primera Guerra Mundial y el pasaje en masa de
la socialdemocracia europea al campo burgués, escindiría al movimiento
revolucionario y terminaría quebrando la cadena de dominación
imperialista por su eslabón más débil: Rusia a su vez
imperio y colonia del capital financiero británico y francés.
La impronta revolucionaria continental y mundial que acompañaba la llegada
del radicalismo al gobierno, marcaría a fuego los tres gobiernos radicales,
que llegarían a destiempo para un proyecto burgués nacional,
cuando ya la clase obrera era más fuerte que la burguesía que
debía comandar el proceso. Las revoluciones mexicana y Rusa, las sucesivas
revoluciones socialistas proletarias derrotadas de Italia, Polonia, Finlandia,
Alemania, Hungría y Bielorrusia, espantaron a la burguesía que
temía que los trabajadores de la mano de los bolcheviques -Lenin, Trotzky,
Rosa Luxemburgo, Gramsci- les arrebatara el poder y la riqueza. Este conflicto
sería insoluble para el radicalismo que realizaría -por terror
a la revolución- las mayores matanzas de trabajadores que se realizaran
en la Argentina después de los genocidios Federal, Paraguayo y Mapuche.
Serían gobiernos radicales quienes asesinarían sin
trepidar a los trabajadores en la Semana Trágica de1919 en
Buenos Aires, a miles de peones rurales patagónicos en 1921
y 1922 y a los trabajadores esclavos de la Forestal en el Gran Chaco,
en las luchas de 1925 y 1928, sirviendo el mandato bajo amenaza,
de los dueños del país de entonces: la Gran Bretaña
imperialista de doble moral victoriana.
La impronta antiobrera de Yrigoyen -que el Peludo cargaría
hasta su tumba y sería una de las causantes de su soledad
en 1930- más allá de posiciones tal vez erróneas
de anarquistas y comunistas, sería sin embargo injustificable
en el terreno político y reivindicativo concreto: los trabajadores
vivían de la manera más abyecta e indigna que pudiera
imaginarse y sus reclamos eran siempre absolutamente justos, incluyendo
el cese de la esclavitud en los obrajes del Norte. Su represión
injustificada impediría que Yrigoyen pudiera realizar la obra
nacional antiimperialista para la cual la historia lo convocaba.
La obra sería completada por un nuevo caudillo nacional emergente
de la nueva gran crisis imperialista abierta con la Segunda Guerra
Mundial y que en parte por el resultado de la misma, pero también
por la experiencia antiobrera del gobierno de Yrigoyen, centraría
su estrategia en la satisfacción de las demandas de los trabajadores,
siendo por ello el peronismo de 1945 -que de él se trata-
antes que nada, una expresión nacional de la clase trabajadora.
El Gran Deodoro 'Nosotros creemos que la paz en América ha
de lograrse sólo en una sociedad sin clases y en una humanidad
liberada y bella.' (2) La Reforma tuvo como inspirador e ideólogo
a un gran desconocido para la mayoría de los argentinos, Deodoro
Roca, uno de los mayores intelectuales y pensadores revolucionarios
que nuestro país produjera. Su pensamiento y su independencia
teórica y política lo ubicaron en una corriente de
pensamiento marxista que no pudo prosperar en la Argentina debido
a la estupidez codovilliana-justista. Se ubica en las mismas coordenadas
de Manuel Ugarte y del peruano José Carlos Mariátegui.
Deodoro -anterior en el tiempo y en el pensamiento al amauta(3),
pero sin duda influenciado por Ugarte- pensaba sin ataduras ni dogma
alguno, en un devenir que articulaba el marxismo y el anarquismo,
con un fuerte contenido americanista y nacional -su tesis doctoral
en 1915 denunciaba la dominación continental norteamericana
del Gran Garrote de T. Roosevelt y la doctrina Monroe- de allí que
su obra fuera original y empalmara con los tiempos de revolución
que sacudieron al mundo en las primeras décadas del siglo
XX.
Su pensamiento, refugiado en Córdoba -'un pobre escritor de provincia
que no tiene ninguna pretensión', se definía a si mismo- sería
de inspiración para varias camadas de jóvenes que descubrían
a este cordobés universal. Dos de sus discípulos aportarían
una nueva visión del marxismo, la revolución y el socialismo:
Agustín Tosco y Ernesto Guevara.
Anticipador de pensamientos que serían luego tomados y desarrollados
por toda la cultura occidental, su refugio cordobés sería frecuentado
por intelectuales de todo el mundo. Es así que por su sótano
-refugio de la bohemia y la rebeldía de varias generaciones-
pasaron Waldo Frank, José Ortega y Gasset, Rafael Alberti, Enrique y
Raúl González Tuñón, Stefan Sweig, Raúl
Haya de La Torre y Macedonio Fernández, su gran amigo.
Su búsqueda permanente de la verdad, la belleza y el bien, lo articulan
como un intelectual casi único en nuestra tierra, pues a ello sumaba
su compromiso con el pueblo y la libertad: por las calles de Córdoba
en1918 los estudiantes Rebeldes marchaban del brazo con los trabajadores de
la Unión Obrera provincial-encabezada por el comunista Miguel Contreras-
al grito de '!Obreros y estudiantes unidos adelante!'. En la misma línea
Deodoro sería detenido en 1919 cuando la matanza de la Semana Trágica.
Todo un desplante para el elitismo sarmientino y mitrista que campeaba en la
cultura oficial.
'Por lecturas(..) por lenguaje, por formación y por temperamento,
Deodoro fue un hijo y un heredero tardío de la literatura
y el pensamiento del novecientos(..) de aquel movimiento que en el
verbo de José Enrique Rodó(..) aprendió a cuestionar
la mediocridad prepotente, cuantitativa y materialista del yanqui
en lo internacional y del burgués en ascenso en lo nacional,
oponiéndole los valores irreverentes y cualitativos de la
juventud latinoamericana. Sus otros maestros continentales fueron
además de Rodó y del lejano eco antiimperialista de
José Martí, Rubén Darío, José Vasconcelos,
principalmente Manuel Ugarte, Leopoldo Lugones y José Ingenieros.
Sin olvidarnos de los españoles Miguel de Unamuno y Juan Ramón
Jiménez.'(4) Con Lugones -a quien había admirado-tendría
un célebre enfrentamiento cuando el vate se transformara en
el ideólogo del fascismo argentino y latinoamericano, después
de abandonar su socialismo primigenio; 'león de alfombra'
y 'Júpiter de Gauchópolis', lo llamaría con
justeza y precisión histórica.
Algunos de sus juicios sorprenden por la agudeza y madurez que trasuntan,
como cuando definiera la tragedia que acababa de ocurrir en Rusia
con el triunfo de Stalin sobre León Trotzky: 'la nueva burocracia
es la que ha expulsado a Trotsky de Rusia y del partido... Su sagacidad
y su realismo (de Stalin) eran de filiación campesina. El
auténtico campesino ruso vencedor de Lenin el intelectual'(2),
o su sorprendente premonición sobre el Ducce escrita en
1935: 'Mussolini no tendrá ni siquiera el fin de su egregio modelo Bonaparte.
No terminará en una isla.
Terminará en una horca...'(5) La herencia de Deodoro afloraría
en la enorme rebelión de los años 60 y 70 y su influencia
sería universal, a tal punto que como reconociera Daniel Cohn
Bendit la rebelión juvenil europea del Mayo Francés,
estaría inspirada directamente por su pensamiento, incluso
textualmente en algunas de sus consignas tales como 'en los exámenes
responda con preguntas' o 'prohibido prohibir', estampadas en los
muros de París.
Su impronta estaría tan vinculada a la idea de la rebelión y
la iconoclastía, que en la misma noche del 24 de marzo de 1976, una
de las primeras medidas del asesino serial Luciano Benjamín Menéndez,
sería incendiar y destruir su célebre estudio-biblioteca de la
calle Rivera Indarte.
Devenir de la Reforma La Reforma sería la bandera de varias
generaciones de jóvenes latinoamericanos que lucharían
por conquistar sus demandas de libertad de cátedra, libre
elección de autoridades, cogobierno democrático, reforma
de los sistemas de enseñanza, apertura ideológica,
autonomía y apertura de las universidades a sus pueblos. Esta
lucha abarcaría prácticamente a todo el continente
y luego de la segunda guerra llegaría a Europa, no así a
los EE.UU., que perdurarían en sus universidades elitistas
y antidemocráticas.
El movimiento reformista perdería en la Argentina su impronta revolucionaria
por las limitaciones del radicalismo ya señaladas, por el reformismo
medular del Partido Socialista y por la necedad a reiteración de los
comunistas que a partir de 1922-24 darían la espalda a la Reforma, siguiendo
las pautas sectarias de la III Internacional, acusando al movimiento 'por contrarrevolucionario
y pequeñoburgés', en palabras de Ernesto Sábato en 1934
cuando era integrante de la agrupación comunista Insurrexit, junto a
Héctor Agosti, Paulino González Alberdi y.... Raúl Scalibrini
Ortiz .
Al decir de Gregorio Berman(6) la ideología del Movimiento
Reformista estaba constituido por varias corrientes: la teoría
de la Nueva Generación Americana
-Julio V. González y J. Ortega y Gasset; los Idealistas -Carlos Cossio,
Adolfo Korn Villafañe y Homero Guglielmini-, los que sólo abordarían
el espacio docente -Sebastián Soler, Germán Arciniegas y Saúl
Taborda-, la corriente de Izquierda Sectaria, Insurrexit -E.Sábato,
P.González Alberdi, Héctor P..Agosti-; la corriente Aprista -Raúl
Haya De la Torre-
y la Dialéctica -José Antonio Mella, J. C..Mariátegui,
Ernesto Giúdici y Deodoro Roca. Tamaña amplitud señalaba
también a muchas de las tareas históricas inconclusas de la revolución
americana en sus distintos componentes nacional, cultural, continental y social.
La Reforma llenó un período histórico de América
y su lucha por la emancipación y como todo movimiento de Liberación
abarcó corrientes que podían trabajar juntas sólo por
tramos del recorrido, tuvo flujos y reflujos. Sin embargo nunca atravesó un
período tan repugnante como el de la Universidad actual. La misma ha
sido vaciada de contenido nacional y popular por el alfonsinismo, los teóricos
del Club Socialista, el peronismo emergente de la derrota de los '70 y una
izquierda vacua que no comprende de que se trata.
Hoy se hace tan necesario como en 1918 volver a llenar la Universidad
de pueblo y nación americana, abandonando la estupidez y la
postración neocolonial del pensamiento dominante. La Universidad
ha vuelto a estar ausente de la inmensa tragedia que conmueve a nuestra
Patria. El pueblo debió rebelarse solo en diciembre de 2001
contra el hambre, la entrega y masacre de sus hermanos. La comunidad
universitaria enredada en teorías masturbatorias y neocoloniales,
en papers sin trascendescia más allá de sus paredes,
ni se enteró que la nación casi desaparecía,
que el pueblo estaba próximo a ser baleado por ser hambreado,
que la dolarización implicaba la entrega de territorio por
deuda. En fin la universidad ha vuelto a estar ausente de la realidad
nacional.
Esta Universdad neocolonial debe ser reemplazada una vez más
como en 1918, por otra que sirva a los anhelos de liberación
nacional y social de nuestro pueblo y retome la bandera de la unidad
continental. Tal vez recordar a los jóvenes iconoclastas de
entonces y a su gran maestro ayude a percibir la necesidad de retomar
el mandato revolucionario de Moreno y su sueño inconcluso.
*Artículo publicado en la Revista La Memoria de Nuestro Pueblo-
Julio 2004
**Autor de Kronos: Historia de las Luchas y las Organizaciones Revolucionarias
de los Años Setenta
(1) Del Manifiesto Preliminar de la Reforma Universitaria de 1918.
(2) Deodoro Roca, citado por Néstor Kohan en Deodoro Roca El Hereje-
Biblos 1999.
(3) Amauta: el hombre que ama, apodo con que sus contemporáneos denominaban
al inmenso humanismo de J.C. Mariátegui (4) Néstor Kohan: Deodoro
Roca El Hereje- Biblos 1999.
(5) Deodoro Roca: Prohibido Prohibir, Ediciones La Bastilla. 1972 (6) Gregorio
Berman: Juventud de América. 1946.
http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2004/2004terc/educacion/e1042277-4pl.asp
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