IDEARIO REFORMISTA
EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ARGENTINO:
LA REFORMA UNIVERSITARIA Y EL SURGIMIENTO DE LA F.U.A.
*Lic. Claudia Cao.
EL SURGIMIENTO DE LA FUA.
“Un sistema de gobierno es expansivo, cuando facilita y promueve
el desarrollo de abajo a arriba, cuando eleva el nivel cultural nacional – popular
y hace por consiguiente posible una selección de “cumbres
intelectuales “ en un área más amplia. Un desierto
con un grupo de altas palmeras es siempre un desierto: es inclusive
propio del desierto tener pequeños oasis con grupos de altas
palmeras.
Antonio Gramsci. Pasado y Presente.
INTRODUCCION. LAS COORDENADAS DEL TIEMPO.
La Guerra europea de 1914, la Revolución Rusa de 1917 y
en el orden nacional, el advenimiento del Radicalismo al poder en
1916, constituyeron el telón de fondo en relación a
los acontecimientos ocurridos en la Universidad de Córdoba
en 1918.
La Primera Gran Guerra generó un profundo desencanto en la intelectualidad
argentina y latinoamericana. Europa, su civilización y su cultura habían
sido consideradas desde comienzos del siglo XIX, el modelo a “imitar “ por
la incipientes Repúblicas americanas. Civilizar América significó – para
buena parte del discurso político / liberal decimonónico – trasladar
los valores y las costumbres europeas a estas tierras a través de la
incorporación paulatina de inmigrantes y de capitales.
La Guerra de 1914 profundizó un movimiento de introspección,
de valoración continental, que ya venía insinuándose desde
principios de siglo XX. Entre los años 1900 y 1914, una serie de discursos
antiimperialistas empezó a cubrir la superficie política y cultural
del subcontinente latinoamericano. Enrique Rodó, Rubén Darío,
José Ingenieros entre otros, desplegaron una producción literaria
orientada a la reafirmación de la unidad y soberanía latinoamericana.
Frente a la civilización europea en crisis, se quebraba el magisterio
intelectual de Europa y surgía para la juventud argentina la exigencia
vital de salvar a nuestro pueblo de un destino similar al de los pueblos europeos.
En 1914, José Ingenieros escribía “El Suicidio de los Bárbaros “.
La importancia de este texto breve consistía en la relativización
del eurocentrismo “hasta el punto de que tres nociones básicas
de su archivo ideológico, axiológicamente negativas – feudalismo,
barbarie, belicismo – ahora [ eran ] utilizadas para calificar a la misma
Europa “. ( Terán O. 1986 ).
De esta manera, la guerra europea parecía poner fin al sueño
de un mundo que por lo menos, hasta 1914, creyó en la posibilidad de
una evolución lineal y medianamente pacífica hacia el progreso
indefinido y el bienestar general.
Tiempo después, la Revolución de octubre de 1917, abría
un camino esperanzador orientado a la constitución de sociedades más
justas, solidarias y equitativas.
La Revolución simbolizó el surgimiento de un “espíritu
de renovación “ cuyo propósito liminar tendía a
la configuración de una “nueva conciencia moral en la humanidad”.
( Ingenieros José. 1956 ).
1917 implicó el advenimiento de un “tiempo nuevo “ , el
de un futuro mejor y posible en el cual la Revolución Social se constituía
en derrotero esperanzador para la construcción de un porvenir más ético,
más justo y menos violento.
La Revolución de 1917, desplegó en el escenario internacional
una profunda renovación de los principios políticos, económicos
y culturales sustentados hasta ese momento. Articuló demandas de diverso órden
e instaló un discurso emancipatorio en torno a:
· El acceso a la propiedad de la tierra.
· La distribución más igualitaria de los bienes simbólicos
que permitieran la formación del “hombre nuevo “.
El año 1916 significó, en el plano nacional, el acceso del radicalismo
al gobierno de la Nación.
El discurso radical que encarnó la enigmática figura de Hipólito
Irigoyen, condensó las reivindicaciones expresadas conjuntamente desde
1890 por criollos e inmigrantes interesados en conseguir un mayor espacio de
participación económico, político y social.
Además de una respuesta económica, política y social a
los reclamos del nuevo sujeto popular argentino, el radicalismo de orientación
irigoyenista se constituyó en una propuesta ética, solidaria,
democrática y humanista que intentó dar cuenta de aquel complejo
presente. La influencia del espiritualismo krausista orientó la praxis
política de Irigoyen en torno a la configuración de una sociedad
más igualitaria. Su pensamiento pedagógico
– sustentado en los postulados del krausismo español de Sánz
del Río y Giner de los Ríos – le permitió fundamentar
la necesidad de una educación científica, más participativa
y menos autoritaria. ( Puiggrós A. 1984 ).
En buena medida, esta concepción político – pedagógica
alentó el proceso de renovación / democratización de la
vida universitaria que germinó en la Provincia de Córdoba a comienzos
de 1918.
A modo de síntesis, recuperamos las palabras de Julio V González
quien haciendo una lectura de la época describía, en una Conferencia
pronunciada en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad
de Buenos Aires en 1923, el complejo entramado histórico en el que se
desenvolvieron los acontecimientos universitarios de la Provincia de Córdoba.
“La Guerra Europea, la Revolución Rusa y el advenimiento
del Radicalismo al poder en nuestro país, son las tres llaves
que nos abren las puertas a la verdad. La primera, bien lo sabemos,
sacudió al mundo con la crisis más aguda que haya sufrido
la humanidad desde la Revolución Francesa. ( ... ). En medio
de la desorientación, la incertidumbre y el escepticismo que
dominaba los espíritus, aparece en el escenario la Revolución
Rusa trayendo una luz nueva, ofreciendo ideales de humana redención,
levantando una voz acusadora y profética al mismo tiempo.
( ... ). El radicalismo como factor social, cumplió la misión
de cavar un abismo en el cual quedaba definitivamente sepultada la
generación que había manejado el país desde
el ’80 hasta 1916 “. ( González Julio. 1987 ).
Es entonces, en esta compleja trama de acontecimientos político – sociales
en la que deberá enmarcarse el proceso de renovación
universitaria del año 1918.
SEGUNDA PARTE. CRONICA DE UNA REFORMA ANUNCIADA.
En 1918 el país contaba con tres universidades nacionales
y dos universidades provinciales cuyos regímenes legales diferían
, no obstante pertenecer a una misma jurisdicción. Según
referencia Del Mazo, ésta era la situación de la Universidad
Nacional de Córdoba y de la Universidad de Buenos Aires que
se regían por la Ley 1597, mientras la Universidad Nacional
de La Plata regulaba su funcionamiento por la Ley Convenio Nº 4699
de 1905. Las Universidades Provinciales de Santa Fe y de Tucumán
tenían Estatutos aprobados en 1914 y 1913 respectivamente
por el Poder Ejecutivo Nacional. ( Del Mazo G. 1946 ).
A pesar de compartir un mismo régimen legal, la Universidad Nacional
de Córdoba y la Universidad Nacional de Buenos Aires expresaban proyectos
político – pedagógicos diferentes. Para 1918, la Universidad
Nacional de Córdoba se regía por Estatutos que habían
sido elaborados en 1893 y que entre otras cuestiones establecían la “condición
vitalicia” de los integrantes de la Academia y la exclusión de
la participación juvenil. Simultáneamente, la anacrónica
formación pedagógica, el clericalismo y la escasa circulación
del pensamiento científico, alentaron la conformación de un discurso
crítico y a la vez transformador respecto al funcionamiento de la Universidad
por parte de la estudiantina cordobesa.
Situación distinta se vivía en la Universidad de Buenos Aires
que desde 1903 había favorecido la participación del estudiantado
en el movimiento de reforma de sus Estatutos. En 1908 tuvo lugar, la constitución
de la Federación Universitaria de Buenos Aires y durante ese mismo año,
el Primer Congreso de Estudiantes Americanos reunido en Montevideo debatió entre
otras temas, la representación de los estudiantes en los Consejos Directivos
de la Enseñanza Superior. ( Miranda E. 1993 ).
Asimismo, la Universidad Nacional de La Plata creada en 1905 bajo el rectorado
de Joaquín V González, organizó su gobierno a través
de la renovación permanente de los miembros del Consejo Superior y del
Consejo Académico.
En el caso cordobés, la situación era distinta. Los reclamos
estudiantiles no sólo se circunscribieron a la “cuestión
del gobierno de la universidad “. Otras preguntas, alentaron críticas
fecundas y demandas insatisfechas.
Un interrogante crucial para la juventud universitaria de Córdoba, fue
aquel que interpelaba al cuerpo docente respecto al escaso nivel académico
de la corporación magisterial y la arbitraria exclusión de los
nuevos saberes científicos.
¿ Qué sujeto ( pedagógico y social ) estaba construyendo
el curriculum universitario pre – reformista ?. La pregunta en torno al
sujeto revela su total envergadura cuando es posible resignificarla a la luz
del escenario, a la vez cambiante y conflictivo, que alboraba desde principios
de siglo en el orden nacional e internacional.
La crítica a una Universidad encerrada en sí misma, extemporánea
y oscurantista quedaría expresada de manera patética en los enunciados
reivindicativos del Manifiesto Liminar:
“La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es
violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido
y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los Contrarrevolucionarios
de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio
secular de los mediocres, la renta de todos los ignorantes, la hospitalización
segura de los inválidos y – lo que es peor aún – el
lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron
la cátedra que las dictara”. (Manifiesto Liminar. 1918
).
La “Nueva Generación “ universitaria ( 1 ) entendía
que toda reforma cultural debía articularse a otra más
amplia: la reforma política. Había que desarrollar “valores
profundos y originarios “ hacia un estilo de vida auténticamente
nacional y americano. Al respecto, la universidad tenía una
tarea que emprender. Era necesario superar el viejo esquema de una
universidad centrada de manera casi exclusiva en la formación
de profesionales ( abogados, médicos, etc ) para reemplazarla
por otra, en la cual la enseñanza se asociara a la defensa
de la causa nacional y latinoamericana, la promoción de los
derechos políticos y civiles para el conjunto de la población
y la integración de la universidad con el pueblo. Una universidad “autónoma “,
desarrollada al margen del estado democrático solamente podía
dar cabida a castas alejadas de los intereses populares. La universidad
que sólo respondía a los designios de minorías
selectas no era una universidad nacional. Una mayor participación
del ciudadano en la vida política de su país y un incremento
del compromiso estudiantil con su hábitat universitario constituyeron,
para el pensamiento juvenil reformista, un mismo fenómeno
político – pedagógico.
Así lo entendió un actor relevante del movimiento universitario
de 1918. En un Mensaje a los Jóvenes Americanos Gabriel del Mazo sostenía:
“Cuando la Reforma luchó porque la universidad se nacionalizara,
expresó para un aspecto particular, aquel programa general.
La universidad no había interpretado lo nacional, como que
era intelectualmente extranjerizante y estaba socialmente incomunicada.
( ... ). Privada de la humana levadura del Pueblo ¿ Cómo
habría de dar satisfacción a las demandas que la Nación
durante un siglo le hiciera
( Del Mazo G. 1941 ).
En este sentido, los años 1916 y 1917 implicaron cambios
profundos en la universidad mediterránea. Durante ese bienio,
e intentando saldar desencuentros históricos, los jóvenes
de la Universidad Nacional de Córdoba promovieron un acercamiento
paulatino y fecundo con la comunidad local a través de la
organización de conferencias populares, debates, en torno
a los cambios y transformaciones culturales de la época, programas
de alfabetización, a la vez que perfilaron una incipiente
extensión universitaria ofreciendo cursos en bibliotecas y
locales obreros , a cargo de estudiantes y profesores universitarios.
Meses después el conflicto estudiantil se desencadenaba en la Provincia.
1-. La teoría de la “Nueva Generación “ fue abordada
por Ortega y Gasset en su viaje al país en 1916. Los jóvenes
reformistas la hicieron propia pues entendían que sus peticiones ,encarnaban
demandas históricas genuinas no sólo en el ámbito académico
sino también en lo que respecta al contexto político - social.
TERCERA PARTE. LA REBELDIA ESTALLA EN CORDOBA.
El conflicto en la Universidad Nacional de Córdoba tuvo
su origen a fines del año 1917. Contribuyeron a darle forma
dos sucesos vinculados estrictamente al funcionamiento interno de
la universidad. Por un lado el Centro de Estudiantes de Ingeniería
protestó por la “Ordenanza de Decanos “ que proponía
un cambio en el régimen de asistencia a clase.
Simultáneamente, el Centro de Estudiantes de Medicina reclamaba ante
el Ministro de Justicia e Instrucción Pública José Salinas
por el cierre del Internado del Hospital Nacional de Clínicas. Al decir
de Julio V. González, estos hechos fueron la causa inmediata del movimiento
que estallaría pocos meses después.
Finalizado el receso de verano, el inicio del año 1918 aglutinó al
estudiantado en torno a reclamos referidos a la renovación del régimen
de la universidad. Tiempo después y con la participación de los
delegados de tres facultades ( Derecho y Ciencias Sociales, Medicina e Ingeniería
) de la Universidad Nacional de Córdoba se constituyó la primera
organización conjunta de los estudiantes: El Comité Pro – Reforma
Universitaria.
El 13 de marzo de 1918, dicho Comité declaró la huelga general
por tiempo indeterminado, produciendo a la vez el Primer Documento de los Estudiantes,
que condensaba críticas profundas a la situación académica
de la Universidad.
“La Universidad nacional de Córdoba amenaza ruina;
sus cimientos seculares han sido minados por la acción encubierta
de sus falsos apóstoles; ha llegado al borde del precipicio
impulsada por la fuerza de su propio desprestigio; por la labor anticientífica
de sus Academias; por la ineptitud de sus dirigentes; por el horror
al progreso y a la cultura; por la inmoralidad de sus procedimientos;
por lo anticuado de sus planes de estudio; por la mentira de sus
reformas; por sus mal entendidos prestigios y por carecer de autoridad
moral”. ( Del Mazo G. 1967 ).
Las autoridades de la Universidad Nacional de Córdoba desestimaron
los reclamos estudiantiles e insistieron en que los cursos oficiales
se iniciarían el día1º de abril .
El 31 de marzo, en vísperas de la apertura del ciclo académico
1918, el Comité Pro – Reforma lanzó un “Nuevo Manifiesto “ en
el que reiteraba la convocatoria a la huelga general. El Documento presentado
en el Teatro Rivera Indarte comenzaba diciendo:
“La Juventud de Córdoba animada por un impulso irresistible
de progreso, se halla en lucha con su vieja y ruinosa universidad.
Sus autoridades regresivas, empecinadas en el dogmatismo docente
y en la defensa de intereses insostenibles, se oponen con desdeñoso
autoritarismo al impostergable anhelo de renovación que desde
largos años le reclaman en vano los propios hijos del vetusto
hogar intelectual. Agotados todos los recursos persuasivos, postergadas
todas las solicitaciones de reforma ( ... ) proclama ante ellos,
la huelga general “.
El conflicto, que ya había trascendido los límites
de la propia provincia, encontró aliento y adhesión
en otras facultades del país. El 1º de abril, día
de apertura del ciclo académico 1918 ni un solo alumno concurrió a
clase. La autoridad universitaria había – de esta forma
- caducado de hecho.
Ante tal situación, la respuesta del Consejo Superior fue la de decretar
la clausura de la Universidad por tiempo indeterminado. Esta actitud autoritaria,
impulsó al Comité Pro – Reforma a peticionar ante el Ministro
de Justicia e Instrucción Pública José Salinas la intervención
de la Universidad. El día 11 de abril de 1918 el Poder Ejecutivo Nacional
dictó el Decreto de intervención a la Universidad cordobesa nombrando
en el cargo de interventor al Procurador General de la Nación, Dr José Nicolás
Matienzo. Ese mismo día, aprovechando la presencia de los delegados
estudiantiles cordobeses en Buenos Aires, se propuso la creación de
una entidad que agrupara y organizara permanentemente a todos los universitarios
argentinos.
Con el nombre de Federación Universitaria Argentina ( FUA ) se constituyó con
asiento en la Ciudad de Buenos Aires un organismo representativo de la siguientes
federaciones: Federación Universitaria de Buenos Aires, Federación
Universitaria de La Plata, Federación Universitaria de Córdoba,
Federación Universitaria de Santa Fe, Federación Universitaria
de Tucumán.
La Presidencia de la Federación le correspondió a Osvaldo Loudet,
con Julio V González ( La Plata ) como secretario y los vocales Guillermo
Watson ( Bs As ), Humberto Gambino ( Santa Fe ), Alejandro Terrera ( Tucumán
) y Gumersindo Sayago ( Córdoba ). Un mes después, el 16 de mayo,
se fundó la Federación Universitaria de Córdoba, la cual
sustituyó al Comité Pro – Reforma en la dirección
del movimiento reformista.
La tarea inmediata que se propuso la recientemente creada Federación
Universitaria Argentina fue la de convocar al Primer Congreso Nacional de Estudiantes
Universitarios que sesionó en la Ciudad de Córdoba del 20 al
31 de julio de 1918. ( 2 ). L a sesión inaugural se realizó el
día 21 en el Teatro Rivera Indarte.
Dicho Congreso sancionó Diez Bases para la organización futura
de la Universidad. Estas Bases que constituyeron el fundamento ideológico
de los sucesos de junio de 1918 fueron las siguientes:
*Participación Estudiantil en el Gobierno de la Universidad.
*Participación de Graduados en el Gobierno de la Universidad.
*Asistencia Libre.
*Docencia Libre.
*Periodicidad de la Cátedra.
*Publicidad de los Actos Universitarios.
*Extensión Universitaria.
*Ayuda Social a los Estudiantes.
*Sistema Diferencial para la Organización de las Universidades.
*Orientación Social de la Universidad.
( 2 ). En una entrega posterior, se abordarán los acontecimientos
específicos, ocurridos en la Universidad de Córdoba
durante los meses de junio a octubre de 1918. Entre ellos, la redacción
del Manifiesto Liminar, la segunda intervención del PEN a
la Universidad cordobesa a cargo del propio Ministro Salinas y la
expansión del movimiento reformista por el continente americano.
Sin embargo, el Congreso no pudo aprobar el proyecto sobre gratuidad de la
enseñanza superior presentado por Gabriel del Mazo y Dante Ardigó.
En su articulado, el Proyecto de Resolución sostenía:
“1º-. Propiciar ante los poderes públicos el establecimiento
de la gratuidad de la enseñanza superior para cuyo objeto,
un ‘ impuesto al ausentismo ‘ podría suministrar
los fondos necesarios.
2º-. Recomendar a las federaciones universitarias una acción intensa
en el sentido de que los particulares costeen becas que sirvan para ayudar
la vida de los estudiantes pobres “. ( Del Mazo. 1967 ).
En los Fundamentos, los autores consideraron que el impuesto – ya
aplicado en la República del Uruguay – afectaría
en primer lugar a los propietarios no domiciliados en el territorio
y en segundo término, a quienes teniendo residencia habitual
en el país, hubieran estado ausente del mismo durante más
de un año al momento del cobro de la mencionada contribución.
Para Del Mazo, la gratuidad de la enseñanza superior constituía
la piedra basal de la universidad democrática y popular. Así lo
expresó durante los debates en el Congreso de Estudiantes cuando sostuvo
enfáticamente que:
“Se acaba de decir que la gratuidad traería aparejada
una plétora de diplomados. No existe tal peligro. ( ... ).
El mal, el incoveniente para la Universidad democrática y
aquí la expresión ‘democrática ‘ cobra
cierto significado, lo inaceptable digo, para la Universidad democrática
es que una minoría del pueblo usufructe en ella derechos que
no le deban ser exclusivos. Nuestro motivo de preocupación
no debe ser el que los estudiantes adinerados se vean eximidos de
pagar sus derechos. ( ... ). Lo interesante, lo medular y esencial
es que los pobres, por simples razones económicas y no de
capacidad se les dificulte la posesión de la cultura superior
que es patrimonio de la humanidad entera “. ( Del Mazo G.1967
).
Cabe consignar que en ese mismo año, 1918, triunfaron las “Bases “ no
sólo en la Universidad Nacional de Córdoba sino también
en la de Buenos Aires. Lo mismo aconteció en la Universidad
de Santa Fe, en 1919 y en la de La Plata en 1920.
El gobierno nacional del presidente Yrigoyen – quien apoyó al
movimiento estudiantil desde sus inicios – dictó los nuevos Estatutos
reformistas para dichas universidades en absoluto acuerdo con las “Bases” de
organización, concertadas por el Congreso de la FUA en 1918.
Al mismo tiempo, el Congreso de Estudiantes de Córdoba había
sustentado en 1918 la nacionalización de la Universidad Provincial de
Tucumán y la creación de la Universidad del Litoral.
En 1921, el movimiento nacional reformista apoyado por el presidente Yrigoyen,
logró su cometido con respecto a la Universidad de Tucumán, así como
en 1919 la Ley de creación de la Universidad del Litoral. En 1921, el
movimiento reformista acompañó una iniciativa surgida a favor
de la apertura de la Universidad del Sur. En 1928, el movimiento de Estudiantes
Secundarios de la Provincia de Mendoza, San Juan y San Luis, gestionó la
creación de la Universidad de Cuyo. De esta manera, el movimiento fue
promotor de nuevas Universidades Nacionales. ( Del Mazo G. 1987 ).
En relación a la Bases aprobadas por el Congreso de Estudiantes de Córdoba,
el primer gran paso innovador, estuvo dado por el reconocimiento a la figura
del estudiante y del graduado en tanto persona de derecho universitario. Se
entendía que el gobierno de las facultades debía ser democrático,
un exponente justo y equitativo de los diversos actores que constituían
la Universidad. Era necesario concebirla como una escuela de democracia.
Al respecto, la Federación Universitaria Argentina sostenía:
“La intervención de los estudiantes en el gobierno
de las facultades no será una conquista, será una reconquista.
En efecto, las Universidades americanas se fundaron sobre la base
de la Universidad de Salamanca que había copiado de la Universidad
de Bolonia la participación de los estudiantes en el gobierno
del Studium. Algo análogo pasaba en la Universidad de París,
donde los estudiantes organizados en corporaciones tenían
sus representantes o procuradores. En la primera Universidad de América,
San Marcos de Lima, fundada en 1551, el poder supremo residía
en los claustros formados por doctores y estudiantes”. ( Acta
Nº 5. FUA. 1918 ).
En consecuencia, la Reforma centró la vida de las universidades
argentinas en el estudiante, estableciendo que en él residía
la razón de ser de toda Universidad.
En lo atinente a la asistencia libre, a la vez que a la docencia
libre y la periodicidad de la cátedra, todas ellas se establecieron
con el objeto de mantener la reforma permanente del profesorado;
es decir como paliativas al burocratismo docente y a la constitución
de camarillas y / o corporaciones magisteriales. Reafirmando estos
presupuestos, los estudiantes reformistas sostenían:
“Propiciamos la más amplia libertad de enseñar,
para que pueda hacerlo todo aquel que posea aptitudes suficientes
y para que se establezca así, la noble competencia que seleccione
a los mejores; por otra parte abogamos por la continua renovación
del profesorado para que la enseñanza se suministre siempre
según las nuevas corrientes y las modernas concepciones y
porque queremos que no se favorezca la inercia de la cátedra
y que ella esté desempeñada en todo momento por los
mejores”. ( Acta Nº 6. FUA. 1918 ).
Un objetivo preciado por “los jóvenes estudiosos” de
1918 fue aquel referido a la extensión universitaria, a la
vinculación constante entre la Universidad y la comunidad
de su tiempo. El eje de la propuesta se centraba en la crítica
a un proyecto educativo inspirado en los fines del utilitarismo individualista
que desestimaba toda posibilidad de solidaridad y cooperación
con la sociedad de la época. Las reflexiones y propuestas
en torno a la extensión universitaria articularon dos demandas
de orden político y a la vez pedagógico: mayor justicia
social y extensión de la educación pública universal.
Los jóvenes reformistas sostuvieron que el problema cultural latinoamericano
era un problema de índole política, económica y social
en cuya solución debía – sin dudas – intervenir la
Universidad. La elevación moral / cultural del Pueblo constituía
una tarea específica a emprender por el movimiento reformista.
El tópico referido a la orientación social de la universidad,
apuntaba a una compenetración real y constante de ésta con el
país, sus grandes problemas y su gente. La Universidad debía
dar soluciones o colaborar permanentemente para resolver “con mente propia “ los
graves problemas nacionales. Sería una función básica
de la Universidad, el estudio de los problemas sociales tanto de la comunidad
local como latinoamericana. El mandato fundante de la “Nueva Universidad “ reformista
se basaba en su vocación terrígena, nacional y popular.
El sistema diferencial, otra de las “Bases” adoptadas
para la organización de la universidades nacionales, recuperaba
una sentida tradición histórica, la del federalismo
argentino. Se fundaba en el convencimiento que, los distintos matices
culturales de las regiones o de las naciones latinoamericanas debían
contemplarse en la futura organización y administración
de cada unidad académica. La universidad obtenía así,
la ventaja de gestionarse con formas institucionales propias, según
sus diferentes caracterizaciones histórico – sociales.
El Primer Congreso de la Federación Universitaria Argentina
declaró al día 15 de junio como Día de la Reforma
y para el 15 de junio de 1919 se convocó al Segundo Congreso
Nacional de Estudiantes en la Provincia de Santa Fe. Sin embargo,
tal Segundo Congreso demoraría 14 años en reunirse.
A pesar de ello, las “Bases” para la reorganización universitaria
se constituyeron en modelos a imitar por otras Universidades del continente,
las que aspiraban poner en marcha una transformación real de la Educación
Superior.
En síntesis, la Reforma Universitaria de 1918, al plantearse
un modelo institucional moderno y democrático postuló:
*La renovación científica y pedagógica de la Universidad.
*La democratización de las estructuras de gobierno universitario.
*La autonomía institucional, flexibilizando la relación con el
poder político a fin de que la universidad tuviera mayor margen de acción
/ decisión que le posibilitara una renovación académica
permanente.
*La apertura social a los nuevos sujetos populares que emergían en la
Argentina de principios de siglo.
*La vocación nacional y latinoamericana, manifestada a través
de una férrea oposición a la ideología europeizante que
había caracterizado el período 1880 – 1916, y sosteniendo
a la vez, enunciados antiimperialistas y antimilitaristas.
*La nacionalización de las Universidades provinciales de Santa Fe y
Tucumán.
*La reforma de los Estatutos Universitarios.
CUARTA PARTE. A MODO DE CIERRE PROVISORIO.
“El movimiento de la Reforma Universitaria afirmaba ya, con
proposiciones firmes, que sólo una Reforma mayor, en la gran
Reforma politico – económica del Estado junto a la solución
del problema nacional entero se podría solucionar el problema
educativo y cultural que específicamente planteaba: Estado,
Sociedad, Universidad, Educación, se alimentaban de las mismas
raíces. Así quedó también propuesto el
imperativo de que la lucha juvenil debía ser doble, en la
afirmación nacional y continental: frente al enemigo de afuera,
el imperialismo y frente al enemigo de adentro, las oligarquías
político – económicas – culturales, cómplices
y agentes del imperialismo “. ( Del Mazo G. 1987 ).
Este trabajo abordó un aspecto parcial del movimiento reformista;
aquel que referencia el momento fundante de la Federación
Universitaria Argentina, su contexto histórico y las conquistas
logradas a partir del Primer Congreso Nacional de Estudiantes de
1918.
Sin lugar a dudas, uno de los logros más importante y fecundo de la
Reforma, fue aquel vinculado a la ingerencia estudiantil en la vida y gobierno
universitario.
Este reclamo, expresado desde principios de siglo por la estudiantina universitaria
dio cuenta – al decir de Julio V González - de un nuevo estado
de conciencia por parte de la juventud argentina. Lo estudiantes reclamaron
por sus derechos. Comprendieron que eran ellos, junto a los profesores y graduados
quienes constituían la razón de ser de la Universidad. Demostraron
al mismo tiempo, que la defensa de los derechos necesitaba de la organización
democrática y de la participación solidaria.
Solidaridad en la lucha para lograr objetivos más amplios, más
incluyentes y apasionada racionalidad en la definición de las estrategias
de acción fueron las banderas que la Juventud Universitaria Reformista
levantó desde comienzos del año 1918.
Su legado, la defensa de la Universidad Democrática, Nacional y Popular
nos compromete frente a las puertas del tercer milenio en la búsqueda
de alternativas emancipadoras, creativas y humanistas porque en definitiva,
el camino, sigue siendo socialista.
LA REFORMA UNIVERSITARIA.
1-. LA UNIVERSIDAD DE CORDOBA. SU EVOLUCION HISTORICA.
La conquista pedagógica y cultural de América ( post
1492 ) estuvo básicamente organizada por las distintas órdenes
religiosas que fueron llegando al territorio americano. Desde mediados
del siglo XVI, la “expansión escolar “ resultó ser
una tarea emprendida tanto por las órdenes religiosas como
por el clero secular y algunos docentes laicos.
En 1571, la órden de los Dominicos fundó la primera Universidad
americana bajo el título de: Real y Pontificia Universidad de San Marcos.
Su apertura se remonta a la Real Cédula firmada en Valladolid el 12
de mayo de 1551 por la Reina Juana, madre de Carlos V. La Universidad de México
se abrió poco tiempo después: el 21 de septiembre del mismo año.
La estructura y organización pedagógica de las universidades
abiertas durante el período virreinal, estuvieron signadas por el modelo
salamantino ( Universidad de Salamanca ) y la influencia de la Contrarreforma
española.
“... España dio a América cuanto tenía.
La organización universitaria, hecha experiencia secular en
Salamanca, es transplantada al nuevo mundo. Salamanca fue el modelo
mil veces invocado por los papas y los reyes de España para
conformar a él las nacientes instituciones universitarias.
Cuantas veces fue necesaria una reforma, hacia Salamanca volvían
los ojos de reyes y reformadores y conforme al patrón salamantino
estatuían y legislaban”. ( Rodriguez Agueda María:
1987).
Por iniciativa del Obispo Fray Fernando de Trejo y Sanabria fue
creada en 1613 la Universidad de Córdoba. El carácter
de su enseñanza era eminentemente teológico. Los estudios
escolásticos estuvieron influenciados por las doctrinas de
Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. La impronta teológica
se expresó en una organización curricular condensada
en el Trivium ( gramática, retórica y dialéctica
) y el Cuadrivium ( aritmética, música, geometría
y astronomía ). ( Weinberg G: 1987 ; Puiggrós A: 1996
).
La Universidad de Córdoba estuvo en manos de la Orden de los Jesuitas
hasta su expulsión ocurrida durante el año 1767. A partir de
ese momento, la conducción de la Universidad fue otorgada provisoriamente
a la Orden de los Franciscanos.
En 1791 se produjo la primera reforma curricular: la incorporación de
la cátedra de jurisprudencia. A partir de ese momento, la Universidad
de Córdoba dejó de ser exclusivamente teológica, luego
de 168 años de existencia.
Por la Real Cédula del 1º de diciembre de 1800, el Rey Carlos IV
refundó la Universidad denominándola de: “San Carlos y
de Nuestra Señora de Montserrat” con las mismas prerrogativas
atribuidas a las de Salamanca y Alcalá de Henares en España y
las de México y Lima en América.
Bajo el influjo de la modernización borbónica en 1808 fue elegido
Rector el Deán Funes
( 1749 - 1829 ), quien introdujo algunos cambios en el Plan de Estudios:
“... La física, la química y la anatomía
han recibido de los siglos modernos un esplendor y adelantamiento
ignorado de los antiguos; y finalmente los microscopios, las máquinas
pneumáticas, la eléctrica, los barómetros y
termómetros son desde luego instrumentos más a propósito
que los silogismos para descubrir la verdad “ ( Deán
Funes: 1989 ).
Durante la década de 1820, la gestión provincial estuvo
a cargo del caudillo Juan Bautista Bustos. Fue durante éste
período en el que la Universidad perdió su carácter
nacional, quedando a cargo de la jurisdicción local hasta
el año 1854.
Caseros marcó el fin de una etapa – la administración rosista – y
el inicio de otra en la cual a la organización del sistema político
federal y republicano le correspondió paralelamente la fundación
y expansión del sistema educativo nacional. Bajo el gobierno del Dr
Alejo Guzman ( 1854 ) la Universidad recobró su carácter nacional.
( Rébora Luis: 1989 ).
En este período se alentó la inclusión de nuevos saberes
tales como: dibujo natural, inglés e historia elemental. Sin embargo,
las reformas más significativas al “modelo universitario cordobés “ se
realizaron durante las décadas de 1870 y 1880:
“Las reformas alcanzan la estructura misma de la Universidad
con la creación de la Facultad de Ciencias Físico – Matemáticas
que se inicia con la autorización de contratar 20 profesores
de Ciencias Básicas en 1869 y que habrá de concretarse
en 1873. ( ... ). En el año anterior, entretanto la Universidad
había creado la Facultad de Ciencias Médicas. De esta
manera la Universidad quedaba integrada por cuatro facultades: la
de Filosofía y Humanidades, la de Derecho y Ciencias Sociales,
la de Ciencias Físico – Matemáticas y la de Medicina”.
( Rébora Luis: 1987 ).
La situación descripta persistió hasta 1918, año
en que se desencadenaron los acontecimientos que nos proponemos abordar:
la Reforma Universitaria y su expansión en el continente americano.
LA SITUACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE CORDOBA EN 1918.
CONTEXTO POLITICO NACIONAL Y RECLAMO POR TRANSFORMACIONES CURRICULARES.
Los movimientos reformistas desencadenados a partir de los acontecimientos
en la Provincia de Córdoba en 1918, enjuiciaron severamente
a la universidad tradicional, denunciando los rasgos básicos,
estructurales, referidos tanto al anacronismo de la enseñanza
como al autoritarismo en la conducción de la propia Institución
educadora.
Las Universidades latinoamericanas reconocían – a comienzos de
siglo - dos matrices fundantes:
A-. Algunas de tradición colonial, perpetuaban en sus enseñanzas
elementos del neoescolastismo. Se caracterizaron por su dogmatismo
y por el rechazo a toda aproximación a los saberes científicos
que circulaban en la época.
B-. Otras de marcada tendencia profesionalizante, acorde con el
creciente desarrollo económico de la región, incorporados
de manera subordinada y subsidiaria al mundo industrial, profundizaron
una formación exclusivamente académica ajena a las
necesidades y demandas de la sociedad en la que se hallaban inmersas.
Al decir de Héctor Ripa Alberdi, “el profesionalismo,
acompañado por un marcado desdén por toda preocupación
acerca de los problemas generales fue el signo predominante de las
universidades latinoamericanas en vísperas de los movimientos
reformistas”. ( Ripa Alberdi H: 1967 ).
Los profesores fueron seriamente cuestionados por la “nueva generación “,
la que Deodoro Roca llamó en Córdoba la “generación
de 1914 “.
En sus reclamos, éstos jóvenes condensaron aquello que debía
ser superado, la “falla” que debía ser reparada: la escasa
vinculación con las grandes corrientes del pensamiento moderno, así como
la impugnación a un modelo de organización académico institucional
fuertemente elitista.
En las voces de algunos intelectuales reformistas es posible recuperar las
críticas que hemos señalado. El peruano Luis Alberto Sánchez
caracterizaba así al cuerpo docente universitario:
“Los profesores lo eran casi por derecho divino. No había
apellidos heterodoxos. La colonia presidía vigilante las ubicaciones.
Los hijos solían heredar las cátedras de sus padres
y los hermanos reforzaban el equipo. Un profesor lo era de por vida.
Nadie turbaba sus derechos. Ni siquiera repetir un texto de memoria
año tras año”. ( Sánchez L: 1967 ).
En el mismo sentido, Alejandro Korn sostenía:
“Había sobrevenido en las Universidades una verdadera
crisis de la cultura. Por una parte, la persistencia de lo pretérito,
el imperio de las difundidas corruptelas, predominio de las mediocridades,
la rutina y la modorra de los hábitos docentes, por otro la
orientación pacatamente utilitaria y profesional de la enseñanza,
la ausencia de todo interés superior, el olvido a la misión
educadora y por último el autoritarismo torpe y la falta de
autoridad moral, dieron lugar a esa reacción que nace de las
entrañas mismas de la nueva generación”. ( Korn
A: 1987 ).
La agitación estudiantil pre – reformista, también atacó al
proyecto curricular universitario. Entendemos al curriculum como la síntesis
de una propuesta cultural que se expresa en un determinado contexto histórico – político.
( De Alba A: 1996; Díaz Barriga A: 1991 ).
En este sentido, los jóvenes de 1918 sostuvieron que la universidad
no debía concebirse como una institución rutinaria centrada básicamente
en la transmisión de saberes prácticos para la formación
del futuro profesional. Al mismo tiempo cuestionaron el modelo económico – social
imperante, calificándolo de injusto, el cual configuraba sociedades
basadas en el privilegio.
Esta doble crítica ( la académica y la social ), constituyó a
los diversos actores juveniles que actuaron durante el proceso reformista desde
comienzos del año 1918. Así, mientras algunos sectores proponían
una transformación funcional de la universidad, otros, en cambio, alentaron
reformas más radicales: abrir la Universidad al Pueblo acompañando
/ profundizando los cambios político – sociales de la época.
No era ajena a esta hibridez de mandatos, la heterogénea composición
social del estudiantado universitario. Durante el siglo XIX y según
las características propias de los países de la región,
el perfil de los ingresantes a las Casas de Altos Estudios estuvo fuertemente
condicionado por su origen de clase o por la pureza de sangre. Sin embargo,
el escenario previo al estallido del movimiento reformista – por lo menos
en Argentina – catalizó el acceso y la presencia de “otros” jóvenes.
Eran los “nuevos” estudiantes, los hijos de la clase media en ascenso
que habían votado a Hipólito Irigoyen en 1916 y que reclamaban
un lugar propio, tanto en el seno de la Universidad como en el de la sociedad
de su tiempo.
La Ley de Sufragio masculino, secreto y obligatorio promulgada por el Presidente
Roque Sáenz Peña en febrero de 1912 modificó la fisonomía
del país. Los cambios que se producían en la vida política
también repercutieron en la estructura económico – social.
El impacto inmigratorio duplicó en menos de 20 años a la población
que, de 3.954.900 en 1895, pasó a 7.884.900. Por aquella época,
la cantidad de extranjeros ascendía a los 2 millones. En el quinquenio
comprendido entre 1906 y 1910 habían entrado al país 1.200.000
inmigrantes. ( Romero José Luis: 1987 ).
Para la época del Centenario, Buenos Aires era una ciudad cosmopolita
desde el punto de vista poblacional. Hacia 1890 se había quebrado la
imagen de una ciudad homogénea debido al acelerado crecimiento urbano,
la inmigración y los hijos de la inmigración. Fueron éstos
los que se beneficiaron con el incremento de las tasas de alfabetización
y escolaridad; los que ingresaron a las universidades y disputaron un lugar
en el campo de la cultura y en las profesiones liberales. La movilidad social
alentó los designios de una democratización de la universidad
a la vez que un reclamo para que ésta acompañase los nuevos procesos
político – sociales que ocurrían en América y en
Europa. ( Sarlo B: 1988 ).
Córdoba y su Universidad en cambio, parecían detenidas en el
tiempo.
A diferencia de la Universidad de Buenos Aires, que a raíz de los disturbios
estudiantiles en las Facultades de Derecho y Medicina había alentado
algunas modificaciones académico – institucionales, la Universidad
mediterránea continuaba acentuando los rasgos más tradicionales
en la formación de su estudiantado. Fundada a principios del siglo XVII,
la Universidad de Córdoba mantenía casi intacto su espíritu
colonial, el que fue interpelado por la osadía juvenil en 1918.
La huelga juvenil que contó con el explícito apoyo del gobierno
radical, articuló a los sectores juveniles ( docentes y alumnos ) comprometidos
en la lucha contra el monopolio académico y el oscurantismo / dogmatismo
pedagógico.
El 22 de noviembre de 1918, en un acto público organizado en el Teatro
Nuevo, José Ingenieros disertó sobre la experiencia maximalista
rusa en términos de inequívoca simpatía. Fue también
en aquel encuentro, meses después del estallido revolucionario en Córdoba
en el que Ingenieros convocó a la juventud y a los trabajadores argentinos
a aunar esfuerzos y sellar compromisos para la defensa y el triunfo de las “nuevas
ideas”. En su exposición sostuvo:
“Esa conciencia [ revolucionaria ] sólo puede formarse
en una parte de la sociedad, en los jóvenes, en los innovadores,
en los oprimidos, que son ellos la minoría pensante y actuante
de toda la sociedad, los únicos capaces de comprender y amar
el porvenir “. ( Romero J. L: 1987 ).
Una misma pregunta articuló las producciones teóricas
de Korn, Palacios, Ugarte o Ingenieros con la praxis político – pedagógica
de Deodoro Roca, Saúl Taborda, Emilio Baigosch o Gabriel Del
Mazo. ¿ Cómo alterar por el saber, las relaciones de
poder o las relaciones de propiedad .
En buena medida la experiencia reformista de 1918 se inscribió como
una respuesta lúcida, cabal y auténticamente nacional surgida
desde el propio ámbito universitario.
LOS HECHOS DE JUNIO DE 1918.
En 1918, la República Argentina contaba con 3 universidades nacionales:
la Universidad Nacional de Córdoba ( 1613 ), La Universidad de Buenos
Aires
( 1821 ), La Universidad de la Plata ( 1905 ) y 2 universidades provinciales:
Universidad del Litoral ( nacionalizada en 1919 ) y la Universidad de Tucumán
( nacionalizada en 1920 ). ( 1 ).
La Ley 1597 llamada “Ley Avellaneda “, sancionada durante el primer
roquismo
( 1885 ) estableció el régimen de funcionamiento para las universidades
nacionales. Sin embargo, la Universidad Nacional de Córdoba se regía
por Estatutos del año 1879. Desde su fundación, permaneció prácticamente
inmutable, cristalizada en el tiempo, teñida de clericalismo. Al decir
de Ciria y Sanguinetti, en la Biblioteca Mayor de la Universidad, era imposible
hallar un solo libro de Bernard, Stammler, Darwin, Haeckel, Marx o Engels.
Coincidentemente, en 1923 Julio V González sostenía:
“Hubo de ser en Córdoba, en la vetusta universidad
mediterránea. Allí estaban más evidentes y palpables
los males del régimen, del sistema que caducaba. La Casa de
Trejo era el baluarte que mayor resistencia oponía al avance
que se iniciaba. Por eso la primera voz de protesta, el primer grito
de rebeldía, agrio e insolente surgió de los labios
de los estudiantes cordobeses. ( ... ). El mal no estaba en los malos
Estatutos, sino en la tendencia, en el régimen, en los hombres
que dominaban la Universidad y fuera de ella”. ( González
J. V: 1923 ).
La Universidad tenía en su escudo el nombre de Jesús
y festejaba como propio el 8 de diciembre, día consagrado
por el culto católico a la Virgen María. El juramente
profesional debía darse obligatoriamente sobre los Santos
Evangelios.
En Córdoba, el inicio del ciclo lectivo 1918 se inició de manera
conflictiva. Durante el mes de marzo, el Comité Pro – Reforma
había declarado la huelga general como instancia de repudio a la política
llevada a cabo por las autoridades universitarias desde fines del año
anterior. ( 2 ).
Durante el mes de abril el Poder Ejecutivo designó Interventor de la
Universidad cordobesa al Procurador General de la Nación, Dr Nicolás
Matienzo. La llegada del representante presidencial promovió la modificación
de los Estatutos básicamente, en lo atinente a, la participación
del cuerpo de profesores en la elección de Consejeros y del Rector.
Paralelo a la creación de la Federación Universitaria de Córdoba,
los sectores antirreformistas organizaron el Comité Pro – Defensa
de la Universidad y luego los Centros de Estudiantes Católicos con Pedro
Tilli como presidente y Atilio Dell Oro Maini como Secretario. ( 3 ).
La convocatoria para la elección de Decanos y Vice Decanos resultó un éxito:
triunfaron todos los candidatos alentados por la Federación Universitaria
de Córdoba. Sin embargo, la alegría duró poco. En la Asamblea
convocada para el día 15 de junio, el candidato de la Corda Frates (
sector católico ) se impuso sobre el candidato reformista Dr Martínez
Paz. El conflicto había estallado y su repercusión trascendía
los estrictos muros de la Universidad. El resto de las Federaciones Universitarias
del país expresaron su adhesión incondicional a la “causa
reformista” al igual que los sindicatos e intelectuales que desde la
tribuna o la prensa acompañaron este proceso de regeneración
académico – social. Entre otros pueden mencionarse a: Juan Zubiaur,
José Ingenieros, Juan B Justo, Alfredo Palacios, Mario Bravo, Telémaco
Susino, Nicolás Repetto, Leopoldo Lugones...
El 21 de junio se publicó el Manifiesto Liminar escrito por Deodoro
Roca ( ) en el cual la Federación Universitaria de Córdoba explicitó los
propósitos político – pedagógicos del movimiento
reformista.
Del 20 al 31 de junio de 1918 sesionó en Córdoba, el Primer Congreso
Nacional de Estudiantes convocado por la FUA e integrado por delegaciones de
Buenos Aires, Córdoba, Litoral, Tucumán y La Plata.
En aquel encuentro, los jóvenes debatieron propuestas en
torno a: la autonomía universitaria, el gobierno tripartito
paritario, la asistencia libre, la docencia libre, el régimen
de concursos y la periodicidad de las cátedras, la publicidad
de los actos universitarios, el bienestar estudiantil, la extensión
y orientación universitaria, la libertad de juramento y la
nacionalización de la universidades provinciales del Litoral
y Tucumán. El 15 de junio fue instituido como “Día
de la Reforma”.
Mientras tanto, la situación en la Universidad continuaba deteriorándose.
El Rector Antonio Nores la había clausurado luego de los disturbios
del mes de junio.
Ante ello, Irigoyen decidió una nueva intervención a cargo del
Dr Telémaco Susini, la cual nunca llegó a efectuarse. Esta indecisión
por parte del Ejecutivo, irritó y radicalizó al estudiantado.
El día 9 de septiembre, “los rabiosos cordobeses” tomaron
la Universidad, reabriendo la biblioteca y reanudando las clases.
Si por un lado, la “toma” culminó con una sangrienta represión
policial / militar y la detención de varios estudiantes, por otra, significó una
aceleración de la segunda intervención del PEN, a cargo, otra
vez, del Ministro Salinas.
Desplazado Nores, los Consejos fueron reestructurados y el Dr Eliseo Soaje
resultó designado Rector. Hacia mediados del mes de octubre de 1918,
el conflicto había culminado con el triunfo total de las fuerzas reformistas.
LOS PROPOSITOS DE LA REFORMA.
Desde el estallido universitario en la provincia de Córdoba
durante el año 1918, los movimientos estudiantiles se expandieron
rápidamente por varios países latinoamericanos. A pesar
de las idiosincracias nacionales, los reclamos catalizaron un conjunto
de demandas que combinaron preocupaciones estrictamente educacionales
con otras más amplias, de orden político – social.
1-. Ver anexo. Cuadros sobre matrícula y composición
social de la matrícula.
2-. Durante ese año, el Centro de Estudiantes de Ingeniería
protestó por la Ordenanza de Decanos que modificaba el régimen
de asistencia a clase y el Centro de Estudiantes de Medicina hacía
lo propio en reclamo por la supresión del internado en el
Hospital de clínicas
3-. Atilio Dell Oro Maini fue Ministro de Educación de la
Revolución Libertadora. ( 1955 – 1958 ).
Los movimientos reformistas universitarios expresaron en un comienzo, el rechazo
al anacronismo académico y al autoritarismo pedagógico impulsando
procesos de transformación / democratización de la vida universitaria.
Resultaba imperioso revisar los planes de estudio y las metodologías
de enseñanza, modernizándolas, adecuándolas a los nuevos
tiempos culturales y políticos como así también al nuevo
perfil de estudiante que desde principios de siglo, ingresaba a las universidades.
Por ello, los jóvenes cordobeses expresaron en el plebiscito que convocaba
a la huelga universitaria en abril de 1918 que:
“... Concordando con la idea trascendente que anima el movimiento
se hace necesario e impostergable dar a la cultura pública
una alta finalidad renovando radicalmente los métodos de enseñanza
implantados en las repúblicas por cuanto ellos no se avienen
ni con las tendencias de la época ni con las nuevas modalidades
del progreso social; que la organización actual de los establecimientos
educacionales, principalmente la de los colegios y universidades,
los planes de estudio que en ellas rigen y el dogmatismo y el escolasticismo
que son su corolario lógico, corresponden a épocas
arcaicas en las cuales las duras disciplinas y el culto extremo de
cierta tradición, eran las normas directrices de la enseñanza “.
( Orden del día. FUC: 1918 ).
Surge entonces el pedido respecto a la autonomía académica (
el demos universitario debía tener independencia respecto del poder
político ), el co – gobierno ( o gobierno tripartito ), y el concurso
público para el acceso a la docencia universitaria ( periodicidad de
las cátedras ).
La Reforma Universitaria instaló definitivamente en el centro de la
escena pedagógica a los estudiantes en tanto actores protagónicos
de la vida académica. Eran ellos la razón de ser de la Universidad.
Por lo tanto los Congresos Universitarios latinoamericanos que se sucedieron
a posteriori de 1918 reclamaron insistentemente a favor del principio de gratuidad
de la enseñanza superior, así como el rechazo a toda política
de limitación respecto del ingreso. ( Del Mazo G: 1967 ).
Los reformistas alentaron también una vinculación estrecha entre
la Universidad y la sociedad de su tiempo, una verdadera misión social
que desbordando los muros de las instituciones, fue encauzada a través
de la extensión universitaria.
La Reforma afirmó que la Universidad debía enfrentar al estudiante
con los grandes problemas del hombre, la sociedad y la cultura de la época.
Una tarea político – pedagógica comprometida con el cambio
social, la democracia política y la defensa de la cultura nacional y
latinoamericana. Para el movimiento reformista, la realidad fue por antonomasia,
la realidad social. Una educación exclusivamente profesionalizante,
desconectada de los nuevos procesos político – sociales como los
que atravesaba América y Europa a principios de siglo, eran definidas
simplemente como inmoral. La Universidad debía comprometerse con los
problemas cotidianos del país, con los problemas nacionales, con la
economía, la salud, la educación. Esto no significaba politizar
( partidariamente ) la vida académica sino contribuir desde el “campo
intelectual “ al cambio social. Implicaba un ejercicio militante sistemático
al servicio de la transformación social sin asumir posiciones dogmáticas
y alentando el más absoluto respeto por la libre expresión de
las ideas.
Los jóvenes reformistas promovieron una renovación al interior
de las universidades, al asumir muchos de ellos, posiciones políticas
definidas. Tal fue el caso de Haya de la Torre en Perú, Julio Antonio
Mella, en Cuba o Julio V González en Argentina. Este último creyó posible – aunque
sin éxito – la creación de un partido de la Reforma. Junto
a Deodoro Roca, concibieron al proceso reformista indisolublemente ligado a
la revolución social.
“...Significaría incurrir en una apreciación
errónea hasta lo absurdo, considerar a la Reforma Universitaria
como un problema de las aulas. ( ... ). Error semejante llevaría
sin remedio a una solución del problema que no consultaría
la realidad en la que está planteado. Digámoslo claramente
entonces: la Reforma Universitaria es parte de uan cuestión
social, que el desarrollo material y moral de nuestra sociedad ha
impuesto a raíz de la crisis producida por la guerra”.
( González J.V: 1923 ).
“ Esta es la voz de la Reforma, pero no de la reforma estancada en el simple
entredicho de profesores y estudiantes, de la Reforma simplemente circunscripta
a los lindes universitarios, sino de la Reforma que sale hacia la realidad social,
que no quiere hacer del estudiante una casta parasitaria sino que lo desplaza
hacia la vida, lo sitúa entre la clase trabajadora y lo prepara para ser
colaborador y no instrumento de la opresión para ella. La Reforma Universitaria
corría riesgo de perder su sentido social, su misión precursora
y gloriosa si quedaba como un simple movimiento universitario encaminado a preparar
mejor, bajo más apropiadas condiciones al profesional “. ( Haya
de la Torre V: 1925 ).
“En el movimiento de Reforma Universitaria no todo es conquista
de derechos para los estudiantes. Existen también nuevos deberes
que se contraen. El más importante es hacer del propio alumnado
una cruzada de utilidad social. Debe hacerse que la Universidad sirva
grandemente a la sociedad”. ( Mella J:. 1928 ).
Ya sea como expresión renovadora de la vida universitaria o como propuesta
emancipadora latinoamericana y antiimperialista, la Reforma de 1918 aglutinó a
la juventud progresista de principios de siglo en pos de una nueva utopía
pedagógica – social; aquella que propuso sumar a los intelectuales
a las luchas del campo nacional y popular a favor de la democracia política,
la justicia social y la autonomía de las naciones.
EL MANIFIESTO LIMINAR.
Ya desde el propio título, el Manifiesto reformista de 1918
expresó su vocación nacional y latinoamericana respectivamente.
“La Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres
de Sud América “.
Escrito por Deodoro Roca durante los acontecimientos de junio, el
texto condensó una serie de enunciados positivistas y espiritualistas
acorde con las tendencias filosóficas de la época.
Inscripto en una matriz americanista que iniciara el Ariel de Enrique Rodó (
1872 - 1917 ), el Manifiesto se presenta como un producto intelectual inequívocamente
americano. Fue también, la voz libertaria juvenil que reclamando cambios
en torno a la vida universitaria, extendió sus demandas a la lucha político – social.
Córdoba era la Contrarreforma, era España, lo colonial, el pasado
pre – revolucionario, la decadencia, el dogmatismo, la sin razón,
el refugio secular de los mediocres. Había que traspasar los muros del
oscurantismo con la razón, la ciencia, el progreso, la libertad.
“La FUC se alza para luchar contra este régimen y entiende
que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático
y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho
a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes.
( ... ). La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita
mandando sino sugiriendo y amando: enseñando. ( Manifiesto
Liminar ).
¿ Qué reclamaba aquel Manifiesto juvenil .
Sin dudas propuso un nuevo Pacto Pedagógico, un nuevo Contrato
de Enseñanza por el cual educador y educando pudiesen vincularse
desde el encuentro mutuo, el respeto a la dignidad de los estudiantes
y a la libertad de conciencia. Educar ( se ) recíprocamente
desde la tolerancia y la igualdad. En todo encuentro pedagógico
se “ponen en juego” acciones vinculadas al saber y al
poder ( Foucault M: 1992 ). Los estudiantes reformistas interpelaron
a los profesores, cuestionando el grado de expertez en sus saberes
y prácticas e impugnando un criterio de autoridad ya caduco,
basado en el temor y la sanción.
“Si no existe una vinculación espiritual entre el que
enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y
por consiguiente infecunda. ( ... ). Las almas de los jóvenes
deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes
de la autoridad que emanan de la fuerza no se avienen con lo que
reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades.
( ... ). Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario,
el arcaico y bárbaro principio de autoridad que en estas casas de estudio
es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger
criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia”. ( Manifiesto
Liminar ).
La juventud universitaria reformista alentó desde sus discursos un proceso
de “regeneración moral “. Frente a la civilización
europea en crisis, la generación joven asumía la desinteresada
tarea de construir “otros” futuros posibles. La praxis político – pedagógica
fue entendida como un derrotero esperanzador que culminaría con la redención
/ liberación del continente americano. La educación entonces,
se inscribió como una acción básicamente emancipadora.
“En la sombra de los jesuitas habían preparado el triunfo
de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado
otra traición. A la burla respondimos con la revolución.
( ... ). Dimos la única lección que cumplía
y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical. La sanción
moral es nuestra. El derecho también”. ( Manifiesto
Liminar ).
El Manifiesto expresó un modelo de análisis que privilegió los
antagonismos, la polarización:
Córdoba Buenos Aires.
Dogmatismo Ciencia.
Autoritarismo Democracia.
Inmoralidad Moralidad.
Profesores reaccionarios. Estudiantes progresistas.
Rutina Innovación.
Sobre esta mirada dicotómica y excluyente se erigió una proclama
libertaria para toda América Latina: Democracia Universitaria y Transformación
Político – Social.
“La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho
a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios
por medio de sus representantes. Está cansada de soportar
a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución
en las conciencias no puede desconocérsele la capacidad de
intervenir en el gobierno de su propia casa”.
( Manifiesto Liminar ).
En el ocaso del siglo XX todavía resuenan los ecos de aquellas
voces que alumbraron para América Latina un camino posible
de independencia económico – social. ( Re ) visitar
el ’18 no constituye sólo un mandato de orden pedagógico.
Implica también conectarnos con la mejor tradición
latinoamericana en pro de la emancipación de nuestras naciones.
LA EXPANSION REFORMISTA EN LATINOAMERICA.
La revolución estudiantil que estalló en Córdoba
en junio de 1918 llegó también a la universidad peruana
durante el año 1919.
La estadía de Alfredo Palacios y su campaña oratoria, alentó el
proceso reformista en el Perú que se inició precisamente en la
Facultad de Letras. Luego se extendió a otras Casas de Estudios en el
marco de una huelga general de estudiantes que reclamaba profundas transformaciones
de índole académico – institucional.
Los alumnos exigían el cese de la toma de asistencia, la remoción
de profesores autoritarios y la representación estudiantil en los Consejos
Directivos de la Universidad. Estos objetivos fueron alcanzados meses después.
Paralelamente, la Federación de Estudiantes Peruanos eligió como
Presidente de su Junta Directiva a Víctor Raúl Haya de la Torre.
Hacia 1920, la Federación convocó en la legendaria Ciudad del
Cuzco al Primer Congreso Nacional de Estudiantes. A él concurrieron
jóvenes de las cuatro Universidades Nacionales. Sin lugar a dudas, la
decisión más relevante de aquel Encuentro estuvo centrada en
la creación de las Universidades Populares González Prada, (
UPGP ) a la que Haya de la Torre procuró imprimirle un carácter
revolucionario a través de la extensión universitaria. La UPGP
se componía de un cuerpo de profesores y de alumnos. La asistencia era
libre, aunque existía un registro en el cual los obreros se inscribían.
La enseñanza era gratuita. Ni los alumnos pagaban, ni los profesores
recibían paga. A la acción cultural se le adicionó una
importante labor social. ( Del Mazo G: 1967 ).
Entre los años 1920 y 1922, la Reforma Universitaria alcanzó los
claustros chilenos. La crítica fundamental de la estudiantina
estuvo referida a un modelo de formación profesional escindido
de todo compromiso colectivo.
Frente a una Universidad, organizada y dirigida por el Estado nacional, el
Manifiesto Pro – Reforma Universitaria Chileno propuso la participación
de profesores, alumnos y egresados.
En 1923 se realizó en La Habana ( Cuba ) el Primer Congreso
Nacional de Estudiantes presidido por Julio Antonio Mella. Éste
fue convocado con fines de perfeccionamiento de la acción
estudiantil en los campos educacional, social e internacional. Como
producto del Encuentro resultó la creación de la Universidad
Popular José Martí fundada sobre la misma base de la
peruana, UPGP. Víctor Raúl Haya de la Torre presidió su
inauguración.
Sin extendernos a otros movimientos reformistas ( Colombia, Panamá,
Bolivia, Paraguay, etc), abordaremos dos acontecimientos político – educacionales
relevantes en la conformación de un discurso pedagógico
latinoamericano y antiimperialista:
1-. El Primer Congreso Internacional de Estudiantes ( 1921 ).
2-. La Unión latinoamericana. ( 1925 ).
El Primer Congreso Internacional de Estudiantes reunido en México
durante los meses de septiembre y octubre de 1921 fue llamado también
el Primer Congreso Latinoamericano de la Reforma. Sus Resoluciones
( 7 en total ) expresaron en buena medida, los postulados reformistas
de emancipación política, cultural y social.
Su Resolución Primera decía:
“La Juventud Universitaria proclama que luchará por
el advenimiento de una nueva humanidad, fundada sobre los principios
modernos de justicia en el orden económico y en el político”.
( Del Mazo G: 1967 ).
En aquel Encuentro, el delegado de la representación argentina
fue Héctor Ripa Alberdi. En la sesión inaugural del
día 21 de septiembre en la Escuela Nacional Preparatoria de
México leyó el documento titulado: “Por el comienzo
de una nueva vida americana”.
Allí expresó la lucha cabal de la “nueva generación “ argentina
contra el autoritarismo y el dogmatismo pedagógico, la necesidad de
la armonía latinoamericana y el aliento a todo proceso de rebeldía
juvenil que implicase la revolución social.
En el mes de marzo de 1925 quedó constituida en Buenos Aires
la Unión Latinoamericana a la vez que su órgano de
difusión “Renovación “.
La Comisión Organizadora de la Unión Latinoamericana estaba conformada
por: José Ingenieros, Alfredo L Palacios, Julio V González, Gabriel
Del Mazo, Carlos Sánchez Viamonte, Florentino V Sanguinetti, Aníbal
Ponce, Enrique Méndez Calzada, Gabriel Moreau, etc.
Entre los objetivos propuestos por la Unión Latinoamericana merecen
destacarse: el impulso por desenvolver una nueva conciencia de los intereses
nacionales y continentales, el aliento a que las naciones de América
Latina construyan una Confederación de países que garantice su
independencia y libertad, frente a los embates del imperialismo de los estados
capitalistas extranjeros, el repudio al panamericanismo y a toda expresión
de la diplomacia secreta, la oposición a toda política financiera
que comprometa la soberanía nacional, la nacionalización de las
fuentes de riqueza y la abolición del priivilegio económico,
la lucha contra toda influencia de la Iglesia en la vida pública y educacional,
la extensión de la educación gratuita, laica y obligatoria y
la reforma universitaria integral.
En la “Paz Armada Comprometerá Nuestra Independencia”( 1925
) Alfredo Palacios sostenía:
“El imperialismo yanky invade América Latina. Frente
a ese peligro deben ser solidarias las democracias hermanas.
( ... ). EEUU no vendrá hacia nosotros con acorazados ni con ejércitos;
vendrá con su política financiera que limita la soberanía
nacional o compromete la independencia. Nunca más oportuno el pacto
de solidaridad fraternal auspiciado por la juventud universitaria”.
La Unión Latinoamericana expresó una nueva conciencia
histórica para la región. Una mirada ético – política
diferente en relación al escenario surgido tras la Primera
Guerra, la búsqueda incesante por la cristalización
de “nuevas fuerzas morales”, la lucha a favor del solidarismo
democrático y el afán por articular: la cuestión
nacional + la cuestión social + la cuestión latinoamericana.
A MODO DE CIERRE PROVISORIO.
Como corolario de un proceso tan profundo y renovador nos proponemos
enumerar algunos postulados cardinales del movimiento reformista:
· Autonomía pedagógica y administrativa.
· Extensión universitaria.
· Exclaustración de la enseñanza
· Participación de los estudiantes en la dirección y orientación
de las universidades
· Creación de nuevas cátedras.
· Estrechamiento de las relaciones entre estudiantes, profesores y obreros
en América Latina.
Por último, transcribimos el Himno de los Estudiantes Americanos.
( Letra del peruano José Gálvez y música del
chileno Enrique Saro ).
¡ Juventud, juventud, soplo eterno de eterna ilusión
Fulge el sol en el largo camino
Que ha nacido la nueva canción.
Sobre el viejo pasado soñemos, en sus ruinas hagamos jardín
Y marchando al futuro cantemos que a lo lejos resuena el clarín.
La mirada embriagada en los cielos y aromados por una mujer,
Fecundemos los vagos anhelos y seamos mejores que ayer.
Consagremos orgullo en la herida y sintamos la fe del dolor
Y triunfemos del mal de la vida con un frágil ensueño de amor.
Que las dulces amadas suspiren de pasión al mirarnos pasar
Que los viejos maestros admiren al tropel que los va a superar.
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