IDEARIO REFORMISTA
LA EXPERIENCIA REFORMISTA EN ARGENTINA.
*Lic. Claudia Cao.
En 1918, la llama de la Reforma se encendió en Córdoba.
No fue casual que el conflicto se desatara en la provincia mediterránea
y en la vetusta Casa de Trejo y Sanabria.
Fundada en 1613, la Universidad de Córdoba era para la primera década
de este siglo una institución con fuertes rasgos endogámicos
y tradicionales.
En un contexto, nacional e internacional, de cambios rotundos ( la guerra europea
de 1914, la revolución rusa de 1917 y en el orden nacional, el advenimiento
del radicalismo al poder ), la Universidad cordobesa permanecía detenida
en el tiempo.
El impacto inmigratorio alentado desde el propio Estado nacional desde mediados
del siglo XIX, había modificado la fisonomía social y política
argentina. La matrícula universitaria no había permanecido ajena
a dichos cambios. El reclamo por una universidad abierta, democrática,
participativa y de rigor intelectual expresaba la tensión existente
entre una estructura académico – colonial perimida y las demandas
de un estudiantado que se asumía como expresión prototípica
de la modernidad, la libertad y la transformación social.
“Córdoba llenó el imaginario político – intelectual
de la joven generación latinoamericana e inauguró el
ciclo heroico de la reforma universitaria, el mismo que se cerró en
los ´70 en medio del control militar de las universidades y
la apertura de la enseñanza superior a las dinámicas
del mercado.
Ciclo heroico de la Reforma, puesto que ésta es concebida en el espíritu
de Córdoba como una verdadera epopeya emancipatoria, capaz de cambiar
no sólo a la universidad sino además y conjuntamente el destino
de la generación que la emprende y el horizonte político – espiritual
de la sociedad que aquella se dispone a alterar”. ( Brunner J: 1990 ).
Entre los principios rectores que dieron identidad nacional y proyección
latinoamericana al movimiento reformista se encuentran:
- Participación estudiantil en el gobierno de la Universidad.
- Participación de graduados en el gobierno de la Universidad.
- Asistencia libre.
- Docencia libre.
- Periodicidad de la cátedra.
- Publicidad de los actos universitarios.
- Extensión universitaria.
- Ayuda social a los estudiantes.
- Sistema diferencial para la organización de los estudiantes
- Orientación social de la Universidad.
( Primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios. 1918 ).
El fermento reformista modificó paulatinamente las matrices
institucionales de las universidades locales y americanas. Sus postulados
se expandieron con vocaciòn antiimperialista y latinoamericana.
Sin embargo, hacia 1950 puede tan sólo calcularse un total
de 75 universidades en la región y 266 mil estudiantes.
Por países la matrícula se repartía así:
PAISES
|
MATRICULA EDUC. SUPERIOR.
|
TASA BRUTA ESCOLAR.SUPERIOR.
|
Argentina
|
82.531
|
5.2%
|
Brasil
|
51.100
|
1.0%
|
Cuba
|
20.971
|
4.2%
|
México
|
35.240
|
1.5%
|
Perú
|
16.082
|
2.4%
|
Chile
|
9.528
|
1.7%
|
Uruguay
|
11.722
|
1.7%
|
Según Scherz, los rasgos determinantes de la Universidad
profesional en el lapso de tiempo que se extiende desde el estallido
reformista ( 1918 ) hasta la mitad del presente siglo ( 1950 ) son
los siguientes:
“Una concepción predominantemente laica, pragmática
y estatista, que debe encargarse de formar ciudadanos y administradores.
( ... ). Se organiza en facultades.
( ... ). La cátedra es habitualmente su núcleo básico
de docencia. ( ... ). La educación es gratuita. Las carreras se prolongan
durante períodos que fluctúan entre 3 y 5 años.
( ... ). Las carreras tienen carácter lectivo y el docente goza de libertad
de cátedra. Un importante atributo que las Universidades tienen es la
autonomía. El Estado les reconoce derechos y fueros y las financia”.
( Scherz L: 1970).
Este panorama se modificó paulatinamente en el lapso de tiempo
que se extiende entre los años 1950 – 1980. Acompañando
la consolidación del así llamado Estado Social, los
países de la región expandieron sus sistemas educativos
universitarios ampliando la composición matricular y el cuerpo
profesional docente.
Si desde principios de siglo y hasta 1950 podían contabilizarse en América
Latina un total de 75 universidades, entre ese último año y 1980
la educación superior universitaria se multiplicó en la región
por más de 4 veces hasta alcanzar al final de dicha década un
total de 330 establecimientos. Con respecto a la tasa bruta de escolarización
para los mismos años fue de 6.3% en 1970, de 11.7% en 1975, de 13.5%
en 1980 y de 16.6% en 1985. ( Brunner J: 1990 y Tedesco JC: 1987 ).
En Argentina, la llamada Universidad reformista encontró su
punto de quiebre durante el transcurso del año 1930. Producido
el Golpe Militar que derrocó al presidente constitucional
Hipólito Irigoyen, las Universidades nacionales fueron en
su conjunto intervenidas. El clima de represión y oscurantismo
derivó en un crecimiento moderado de la matrícula universitaria
y la participación semilegal del estudiantado.
En 1939 se fundó la Universidad Nacional de Cuyo, caracterizada por
el clima conservador de la época.
El acceso del Peronismo al poder ( 1946 – 1955 ) favoreció el
surgimiento al interior del sistema educativo universitario de los primeros
rasgos de educación superior masificada.
La política universitaria que prevaleció desde 1943 justificó intervenciones
y cesantías masivas. Fue la Ley 13.031 sancionada en el año 1947
la que organizó la universidad peronista derogando el marco jurídico
de la ley Avellaneda de fines de siglo XIX y los postulados de autonomía
y co – gobierno surgidos al calor de la Reforma Universitaria de 1918.
Su articulado confería al Poder Ejecutivo amplias facultades en la designación
de las autoridades. El Rector era nombrado por el Poder Ejecutivo Nacional
que también elegía a los profesores titulares en función
de una terna elevada por la Universidad previo concurso de méritos,
aptitudes técnicas, títulos, antecedentes y trabajos. La representación
estudiantil se limitaba a un delegado sin voto que integraba los Consejos Directivos
tras ser designado en un sorteo entre los 10 mejores promedios.
Entre los años 1947 y 1955 y como contracara de este proyecto de intervención
estatal, la matrícula universitaria se triplicó. ( Gagliano y
Cao: 1995 ).
El Golpe de Estado de 1955 ( tercero en la historia institucional del país,
que contó con apoyo de círculos intelectuales y académicos
contrarios al destituido peronismo ) devolvió la autonomía a
las Casas de Altos Estudios así como también produjo, una depuración
del cuerpo de profesores correspondientes a la administración justicialista
previa.
Junto con las medidas de política económico – financiera
internacional de vasto impacto en los años sucesivos como la incorporación
al FMI y al Banco Mundial, la instalación del Plan Prebisch en el plano
económico interno con fuerte énfasis en la libertad de mercado
y en la desarticulación de los mecanismos de intervención estatal,
la así llamada Revolución Libertadora actualizó la vigencia
de la Ley Avellaneda a través del Decreto Nº 6403/ 55 derogando
los postulados de la Ley peronista anteriormente mencionada ( Ley Nº 13.031
).
Básicamente el Decreto retornaba a los principios consagrados por el
movimiento reformista de 1918. Su artículo 28º facultaba a la iniciativa
privada para crear universidades libres, reservándose el Estado el reconocimiento
de los títulos habilitantes.
Tres años más tarde, durante la gestión presidencial del
Dr. Arturo Frondizi ( 1958 – 1962 ), la Ley Nº 14. 557 consagraba
los principios rectores del Decreto antes aludido en el contexto de una enardecida
protesta social que daba cuenta de la gravedad de la ruptura con la tradición
secular de un sistema universitario nacional que tuvo en ese año la
fecha inaugural de su desarticulación. Se rompía por primera
vez, en 150 años de historia institucional argentina, el monopolio del
Estado en materia de educación superior ( Cano D: 1985 ).
También se fundaron en el período anterior a 1958 dos nuevas
Universidades nacionales: la Universidad Nacional del Sur con sede en Bahía
Blanca y la del Nordeste que abarca las Provincias de Corrientes, Chaco, Formosa
y Misiones.
A su vez entre 1958 y 1962 fueron reconocidas por el gobierno desarrollista
de Arturo Frondizi las siguientes instituciones de educación superior
privadas:
- Universidad Católica Argentina.
- Universidad del Salvador.
- Universidad Católica de Santa Fe.
- Instituto Tecnológico de Buenos Aires.
- Universidad del Museo Social Argentino.
Sin mayores cambios durante la administración radical del
Dr. Arturo Illia ( 1963 – 1966 ), el año 1966 reabrió un
nuevo ciclo de polarización político – ideológica
de la sociedad argentina al amparo de la Doctrina de la Seguridad
Nacional bajo los gobiernos de facto de la llamada Revolución
Argentina. ( Juan Carlos Onganía: 1966 – 1970; Roberto
M Levingston: 1970 – 1971 y Alejandro A Lanusse: 1971 – 1973
).
La necesidad de instaurar cambios integrales en todos los ámbitos de
la realidad nacional se reflejó en la promoción de un proyecto
de Ley Orgánica de Educación ( 1968 ) resistida en su conjunto
por la sociedad civil y la docencia nacional y alentada por los Ministros Mariano
Astigueta, Dardo Pérez Gillou y Gustavo Malek. El rechazo al proyecto
de Ley Orgánica de Educación debe inscribirse en el proceso de
repudio que en los sectores de la docencia y el estudiantado universitario
desencadenó la violenta intervención de la tropa de infantería
en los claustros universitarios un mes después de haberse perpetrado
el Golpe de Estado. ( Davini C: 1998 ).
La Universidad pública sufrió el más virulento ataque
ideológico desde el poder estatal en el cuerpo físico de docentes
y alumnos. El exilio político de planteles completos de profesores,
la desestructuración de equipos de investigación, la polarización
ideológica inducida desde el poder a los efectos de la despolitización
de los claustros, externalizando el conflicto a la sociedad civil tiene por
fecha el 29 de julio de 1966.
El sistema universitario argentino se organizó sobre las bases institucionales
inspiradas en políticas que tendían a la pérdida de principalidad
de la Universidad estatal. La Ley Orgánica de las Universidades Nacionales
Nº 17.245 / 67, la Ley de Enseñanza Privada Universitaria Nº 17.604/
67 y la Ley Nº 17. 778/ 68 se inspiraron en esa tendencia.
La primera Ley prohibía toda forma de propaganda, proselitismo, agitación
o adoctrinamiento de carácter político ( Art. 10º ), siendo
la representación estudiantil meramente formal pues no tenían
voto en las decisiones de una Universidad con la autonomía restringida
a lo estrictamente académico.
Un nuevo proyecto de diversificación de las Universidades nacionales
( Plan Taquini ) propició la creación de cinco nuevas, respondiendo
a necesidades regionales, creación de títulos intermedios y /
o promoción de disciplinas académicas. Fueron creadas así,
la Universidad Nacional de Rosario ( Santa Fe. 1968 ); la Universidad de Río
Cuarto ( Córdoba. 1971 ); la Universidad Nacional del Comahue ( Río
Negro. 1971 ) y un año más tarde las de Salta, Catamarca, Luján
y Lomas de Zamora ( 1972 ).
El período constitucional 1973 –1976 se manifestó desde
el punto de vista de la historia universitaria como extraordinariamente contradictorio.
Pueden distinguirse claramente dos estilos de gestión educativa, la
del Ministro Jorge Taiana hasta agosto de 1974 y la de Oscar Ivanissevich hasta
el 24 de marzo de 1976.
La Universidad de Buenos Aires – denominada Universidad Nacional y Popular
de Buenos Aires ( UNPBA 1973 – 1974 ), intentó revertir en dicho
período todas las cuestiones no resueltas del reformismo liberal. Desde
las cátedras universitarias se modificaron los planes y programas de
las materias con el objeto de vincular estrechamente la Universidad al proyecto
económico, político y cultural. Se desarrollaron micro – experiencias
comunitarias vinculadas específicamente a los sectores marginales y
populares. La Universidad participó en el Programa Nacional de Alfabetización
fomentando la vinculación entre docentes, estudiantes y trabajadores.
El carácter popular que adquirió la Universidad de 1973 tuvo
como base la supresión de las restricciones al ingreso.
La necesidad de poner una valla de contención a estas propuestas, definidas
como ¨caos a superar¨, determinaron la salida del Ministro Taiana,
su reemplazo por Oscar Ivanissevich y al frente del rectorado de la Universidad
de Buenos Aires, la ominosa figura del Dr. Alberto Ottalagano.
En el terreno abonado por la última gestión educativa peronista
( Ivanissevich – Ottalagano ), la Dictadura Militar desplegó su
arsenal de horror, destrucción y muerte.
La política universitaria se encaminó a desestructurar el sistema
consolidado en la etapa anterior. El plan de eliminación de las Universidades
del interior, se materializó en el cierre de la Universidad de Luján
( Pcia. de Buenos Aires ). La política de ingreso a la Universidad estuvo
limitada por exámenes y cupos que contribuyeron a elitizar sin jerarquizar
académicamente los claustros universitarios.
El retorno a la vida democrática encontró al sistema universitario
argentino en crisis. La magnitud de la privatización de la educación
superior argentina quedó reflejada en los siguientes datos: en 1983,
del total de la educación superior del país, el 43 % de los establecimientos,
el 24 % del alumnado y el 38 % de los docentes dependían del sector
privado.
A comienzos de 1984, existían en la República Argentina, 49 universidades
reconocidas como tales por la legislación vigente. De ellas 26 eran
universidades nacionales, una universidad provincial y 22 privadas. ( Cano
D: 1985 ).
NEOLIBERALISMO Y EDUCACION SUPERIOR.
Algunas pistas para entrar en tema.
La crisis económica internacional de mediados de la década
de 1970 dio lugar a críticas profundas en torno a un modelo
o tipo particular de funcionamiento del Estado capitalista que se
extendió con matices peculiares según las regiones,
entre los años 1930 - 1970 y al que denominaremos Estado de
Bienestar o Estado Social.
El liberalismo hoy hegemónico se caracteriza por ser un discurso político – económico
que confiere al mercado un papel determinante en la formación, la organización
y la evolución de las relaciones sociales.
Según Friedrich Hayek, todo lo que se opone a la regulación de
la vida social por el libre intercambio en el mercado debe considerarse nocivo.
Este liberalismo rechaza toda idea de contrato social, sosteniendo que el papel
del Estado debería limitarse exclusivamente a eliminar todo lo que perturbe
el orden espontáneo del mercado.
Siguiendo esta línea discursiva es posible reconocer un impacto regresivo
respecto al papel que el Estado estaría jugando en la región
en torno a cuestiones tales como la salud o la educación. Los sistema
educativos latinoamericanos no estarían cumpliendo con el mandato original
asignado durante el siglo pasado: la contribución a la construcción
de una sociedad democrática con movilidad social ascendente.
El Estado de Bienestar Social suponía un compromiso no sólo en
la formación del ciudadano sino en la formación de una cultura
política donde la escuela y la Universidad tenían un papel preponderante.
La tendencia político - económica que progresivamente viene instalándose
en América Latina desde mediados de los años setenta y que se
ha agudizado en la última década del siglo XX, ha modificado
el rol que históricamente le fue asignado al Estado Nacional en torno
a la problemática educativa. Se redefine el imaginario político – cultural
democrático que en nuestro país establecieron / promovieron los
liberales hacia 1880 a través del proyecto de la escolarización
gratuita y obligatoria.
En lo estrictamente político pedagógico, el Estado liberal argentino
de fines de siglo XIX, asumió de manera prioritaria y relevante la función
educadora. Educar implicó para la elite finisecular, la construcción
y organización de un sistema de instrucción pública, centralizado,
estatal, laico, coeducativo, gratuito y obligatorio. En síntesis, educar
para distribuir poder cultural y disciplinar integrando.
Más de medio siglo después, el Peronismo ( 1946 – 1955
) extendió el sistema educativo liberal incorporando a sujetos populares
diversos que habían quedado ¨afuera¨ de los cánones de
la escolarización / homogeneización liberal. Material y simbólicamente
se produjo una profunda democratización social del sistema educativo.
Hasta 1990 y aún con matices políticos de muy distinto orden,
la educación pública se referenció como uno de los pilares
constitutivos de la existencia de la Nación. Sin embargo, el proyecto
educativo implementado en esa década, pretendió deshacer al Estado
de su responsabilidad bajo la suposición neoliberal de la existencia
de un mercado capaz de regular la distribución de la educación
y la cultura.
El impacto de esas decisiones pueden también rastrearse en la educación
superior universitaria. Nos abocaremos a ello.
La expansión cuantitativa del sistema universitario
argentino.
Al calor del proceso reformista iniciado en la Provincia de Córdoba
en 1918, la República Argentina fue sin dudas el primer país
de América Latina que atravesó un proceso de ampliación
/ democratización del acceso a los estudios superiores.
Entre los años 1949 – 1966 no sólo se expandió el
sistema universitario público ( Córdoba, Buenos Aires, La Plata,
Tucumán, Litoral, Cuyo, Sur, Nordeste y UTN ) sino que se promovió la
educación privada a través del Decreto 6403 / 55 que las autorizaba
a expedir títulos con habilitación profesional. Entre 1958 – 1964
se crearon 20 universidades privadas y 3 más hasta 1968. La segunda
oleada expansiva de la educación privada se dará a partir de
1990 en que se autorizan nuevas aperturas. A modo de ejemplo mencionamos:
- Universidad Maimónides ( 1990. Capital Federal ).
- Universidad San Andrés ( 1990. Victoria. Pcia de Buenos
Aires ).
- Universidad Adventista del Plata ( 1990. Entre Ríos ).
- Universidad Blas Pascal ( 1990. Córdoba ).
- Universidad Austral ( 1990. Capital Federal y Rosario ).
- Universidad Torcuato Di Tella ( 1990. Capital Federal ).
- Universidad de Palermo ( 1990. Capital Federal ).
- Universidad de las Fraternidades y Agrupaciones Santo Tomás
de Aquino ( 1991. Mar del Plata ).
- Universidad Champagnat ( 1991. Mendoza ).
- Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales ( 1991. Capital
Federal ).
- Instituto Universitario de Ciencias de la Salud. Fundación
Barceló. ( 1992. Capital ).
- Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas. Fundación
Favoloro ( 1992. Capital ).
- Universidad del Centro Educativo Latinoamericano ( 1992. Rosario
).
- Universidad del Cine ( 1993. Capital Federal ).
- Universidad Hebrea – Argentina Bar Ilán ( 1994.
Capital Federal ).
- Universidad Atlántica Argentina ( 1994 Villa Gesell ).
- Universidad Cuenca del Plata ( 1994. Corrientes ).
- Universidad de Flores ( 1994. Capital ).
- Universidad del Congreso ( 1994. Mendoza ).Instituto Universitario
de Macroeconomía ( 1995. Capital Federal ).
- Universidad Empresarial Siglo XXI ( 1995 Córdoba ).
( Extraído de Paviglianitti N: 1996 ).
Según la misma autora, actualmente se otorgan en la República
Argentina alrededor de 1100 títulos universitarios. Entre
1950 y 1986 se sextuplicó el número de estudiantes,
pasando de 98 mil a 707 mil. Los períodos de mayor crecimiento
se corresponden con las siguientes fechas: 1958 a 1964; 1970 a 1976;
1984 a 1986. ( Paviglianitti N: 1996 ).
LA EDUCACION SUPERIOR EN LA DECADA DEL 90.
La Ley de Educación Superior.
La última década del siglo XX ha sido extremadamente
fructífera en lo que respecta a la legislación del
sistema educativo argentino .
A comienzos del año 1992, el Congreso de la Nación sancionó la
Ley Nº 24049 conocida también como Ley de Transferencia por medio
de la cual el Estado Federal ¨descentralizaba¨ el sistema educativo,
transfiriendo a las Provincias y a la ex Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires, las escuelas de enseñanza media ( en todas sus modalidades ),
los Institutos de Formación Docente y el subsistema educativo privado.
En abril de 1993, el Poder Legislativo aprobó la controvertida Ley Nº 24195
o Ley Federal de Educación a pesar del virulento rechazo expresado por
parte de la Sociedad Civil y del Magisterio Nacional.
Nuevamente, en el mes de julio de 1995, el Congreso Nacional dio vida a la
Ley de Educación Superior ( Nº 24521 ) cuya propuesta abordaremos
a continuación.
En este marco de innovaciones jurídicas importantes debe inscribirse
la creación de la Secretaría de Políticas Universitarias
en reemplazo de la Dirección Nacional de Asuntos Universitarios mediante
el Decreto 506 / 93. En èl se establecìan funciones especìficas
que debìa cumplir la recientemente creada Secretarìa:
- Establecer la política educativa para la educación
superior.
- Supervisar el cumplimiento de la legislación del área.
- Realizar el seguimiento y evaluación del sector universitario.
La Ley de Educación Superior sancionada el 20 de julio de
1995 y publicada el 10 de agosto del mismo año ( BO Nº 28204
) tiene por objeto, regular el funcionamiento de la Educación
Superior argentina tanto pública como privada; es decir, incluye
a la vez, a las instituciones educativas universitaria y no universitarias
( Institutos Técnicos y de Formación Docente ) como asì también
al sistema universitario privado, el cual a pesar de tener características
y régimen de funcionamiento distinto, resulto incorporado en la normativa.
La Ley consta de 5 Títulos y 88 artículos a saber:
Título I. Disposiciones Preliminares. ( artículos
1 y 2 ).
Título II. De la Educación Superior.
Título III. De la Educación Superior No Universitaria.
Título IV. De la Educación Superior Universitaria.
Título V. Disposiciones Complementarias y Transitorias.
Sin lugar a dudas, los artìculos màs controvertidos
de la citada ley son aquellos en los que se habilita la posibilidad
del arancelamiento asì como una injerencia "desmedida" del
Poder Ejecutivo Nacional avasallando la històrica autonomìa
universitaria lograda a partir de los sucesos reformistas de 1918.
Cabe destacar que frente a un escenario político – pedagógico
definido en términos de escasez en la asignación de los recursos,
la política educativa que se desprende de los enunciados de la Ley 24521/95
pone “en remate“ algunos postulados del reformismo universitario
y del liberalismo pedagógico decimonónico: el principio de autonomía
( condicionado ahora por el ahogo financiero ), la gratuidad de la enseñanza
superior y el principio de la universalidad en el acceso a los estudios superiores
( Igualdad de Oportunidades y Posibilidades ). Obviamente, todos ellos se conculcan
a partir de una línea discursiva en donde el principio de equidad se
instala como el nuevo paradigma reparador / democratizador al interior del
sistema educativo nacional.
El principio de Gratuidad y Equidad en la Universidad Publica.
La Opacidad del Nuevo Contrato.
Desde la Reforma Constitucional de 1994, pasando por los textos
legales de la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación
Superior, el principio de gratuidad de la enseñanza ha sido “complementado” con
el de equidad. Ya no se asegura la prestación gratuita del
servicio sino que esta aparece condicionada por el criterio de equidad.
A diferencia de los liberales que durante el siglo pasado defendieron la gratuidad
de la enseñanza pùblica como principio rector en la democratización
del acceso al conocimiento, los neoliberales de hoy, condicionan seriamente
el futuro pedagógico de las próximas generaciones al “atar”, “moderar”, “opacar” el
principio de la gratuidad de la enseñanza con el de equidad.
Entendemos que la solidaridad pedagógica y social debe alentarse desde
la configuración de un Estado que asuma de manera indelegable su responsabilidad
en la organización y financiamiento del sistema educativo en su conjunto.
Conviene recordar aquí, las declaraciones que hiciera el ex Ministro
de Educación y Cultura, Jorge Rodriguez al diario Pàgina 12,en
plena Convención Constituyente, cuando se debatieron los principios
de autarquía, autonomía y gratuidad para la educación
superior:
“ Nosotros queremos que en la Constitución figure,
al igual que en la Ley Federal, el principio de gratuidad y equidad
de la enseñanza. La gratuidad debe garantizarse para los niveles
preescolar, primario, secundario y la formación docente. No
para los alumnos que van a la Universidad y provienen de los sectores
de mayores recursos”. ( 1994 ).
¿ Què sentido común esta siendo producido
y discursivamente legitimado para dar lugar a que ciertas políticas
que promueven mayor desigualdad aparezcan como legìtimas ?
Asistimos a un proceso de fuerte deterioro de algunos compromisos fuertes que
el Estado Nacional privilegiò respecto de la construcción de
una ciudadanìa democràtica. Hay una pèrdida de sentido
de algunas categorìas claves, fundantes de la igualdad democràtica
y de la democratizaciòn en el acceso al saber. En el marco de los avatares
vinculados a la educaciòn superior posterior a la sanciòn de
la Ley 24521/95, equidad podrìa estar significando : arancelamiento,
ingreso restricto, cupo, certificado nacional de aptitudes bàsicas,
etc ( Cftar Secretarìa de Polìticas Universitaria: 1994 y 1997
).
Compartimos con Michael Apple que:
“ Vivimos en un tiempo en que los grupos conservadores han
comprendido que para ganar en el Estado deben ganar en la sociedad
civil. Así se desarrolla una compleja política del
sentido común, en el cual los grupos dominantes están
tratando de redefinir lo que la educación puede y debe hacer
asi como lo que realmente queremos decir cuando hablemos de democracia,
igualdad y bien común”. ( Apple M: 1997 ).
Para nosotros el acceso a la educación ( en cualquiera de
sus niveles y modalidades ), es un derecho; un derecho social que
debe ser garantizado por el Estado. Un Estado que a la vez asuma
tareas de diagnòstico de las necesidades económico – sociales
y tareas de planificación de las estrategias adecuadas para
llevarlas a cabo.
Cabe resaltar que quienes acceden a cursar estudios de grado y posgrado, en
el marco de la educaciòn superior, han atravesado “cruentas “ barreras
limitacionistas. Sin temor a equivocarnos, podrìamos sostener que el
trànsito por el sistema educativo en Argentina puede ser definido como
una carrera de obstáculos.
Hay un alto porcentaje de población económicamente activa de
15 años y màs que ya no asiste a la escuela. En el Censo de 1980,
la finalización de la escuela primaria marcaba una diferenciaciòn
significativa entre los estratos sociales.
A partir de los datos del Censo de 1991, María Teresa Sirvent señala:
“ Los últimos datos censales nos muestran entonces
que en la población de 15 años y mas que ya hoy no
asiste a la escuela, un 59,6% solo alcanzo el nivel primario de educación;
de ellos, solo la mitad aproximadamente en forma completa. Un 29%
llega al secundario, pero mas de la mitad se queda a mitad de camino
abandonando el nivel medio entre primero y segundo año. (
... ). Los datos del Censo mostraban claramente que la clase obrera
estaba prácticamente excluida del nivel medio y superior de
la educación formal”. ( Sirvent M: 1996 ).
¿ Què hacer entonces con aquellos que, después
de atravesar distintas dificultades se promueven hacia los estudios
superiores?.
¿ Es legìtimo apelar al arancelamiento del nivel universitario,
como probable alternativa de financiamiento ( sosteniendo que promoverà mayor
equidad al interior del sistema educativo ) cuando la mayor fractura / pèrdida
de alumnado se verifica en los niveles previos de la educación formal?.
¿ El legìtimo apelar al cupo, al ingreso restricto, al certificado
nacional de aptitudes bàsicas como presupuesto para el logro de un equidad
efectiva ?
El discurso político – pedagógico hegemónico sostiene
que la educación universitaria gratuita perjudica el financiamiento
del resto de los niveles del sistema educativo. Por ello, desde la apelación
al sentido común, la propuesta es: arancelar, restringir el ingreso,
etc.
Desde esta lógica instrumental, el discurso de la equidad o del arancelamiento
se presenta como una alternativa exclusivamente técnica ( redistribuir
recursos escasos ) cuando en realidad està ocultando su naturaleza profundamente
política.
El discurso de la equidad reduce el compromiso de responsabilidad pùblica
/ estatal al plano estrictamente familiar o individual, silenciando de hecho
que la gratuidad y la calidad de un bien social – como es en este caso
la educación – están estrechamente ligadas a las desigualdades
de clase, de gènero y de raza. Por eso, la emancipación político – pedagógica
se juega a la vez en el campo económico – social.
Cabe recordar que, las limitaciones al ingreso universitario reconocen larga
data en la historia educativa argentina. Razones de índole económico – social,
o màs cercano a nuestros días, la obturación autoritaria,
todas ellas determinaron un escenario de selectividad que la joven democracia
cuestionò en sus cimientos.
Investigaciones recientes reconocen en el perìodo 1983 – 1986
una explosión matricular sin precedentes en la educación universitaria
nacional.
Frente a esta democratización cuantitativa, las universidades continuaron
sosteniendo metodologías de enseñanza y organizaciones curriculares
tradicionales.
El desfasaje entre los acelerados cambios culturales y tecnológicos
y el “modus vivendi” del locus universitario, también encontró en
el discurso / diagnòstico de la Nueva Derecha Pedagógica, una
resolución por la vía de la limitación.
Cabe recordar que los conceptos estelares de calidad y equidad se han constituido
en el eje en torno del cual se han promovido - y aùn siguen hacièndolo
- los debates y las transformaciones educativas de las últimas dècadas.
Se polarizan las estrategias político – pedagógicas ( cantidad
vs calidad ), configurándose un discurso a favor de la calidad educativa
como sinónimo de excelencia y èsta, como consecuencia necesaria
del retroceso matricular.
En este sentido, el proyecto de transformación económico – social
implementado desde hace ya màs de una década no puede ser comprendido
fuera de este marco. En estos tiempos de “democracias abismales” resulta
extremadamente importante prestar atención al proceso de creación
y recreación de las categorías que se utilizan para analizar
/ definir, lo político, lo social y lo educativo.
Pensemos en algunas categorías que han sido desvirtuadas de su contenido
democrático por el discurso pedagógico hegemónico: Calidad
_ Reforma _ Descentralización _ Igualdad _ Gratuidad. También
Evaluación.
Insistimos en que los significados de algunos conceptos no pueden quedar a
merced de una definición exclusivamente técnica. La lucha por
redefinir desde el campo democrático ( político ) algunos de
estos enunciados ( llenarlos de otros sentidos), es una tarea imprescindible
en la apuesta por la construcción de otro /s futuros posibles.
Asistimos a un nuevo escenario històrico en la definiciòn de
polìticas para el sector. El cambio de rector en la Universidad de Buenos
Aires seguramente alentarà nuevos modelos de gestiòn asì como
la posibilidad de resolver cuestiones pendientes. Si la tendencia se encamina
hacia la restricciòn, tranquilamente podrìan reflotarse viejas
ideas como la del arancelamiento, el certificado de aptitudes, el ingreso restricto.
Si por el contrario, aceptamos el desafìo de proponer un proyecto abarcativo,
pluralista, democratizador, alentaremos la participaciòn creativa de
todos aquellos que "hacen" la vida universitaria a travès
del debate amplio, actualizado, que privilegie lo pedagògico - acadèmico
por encima de la mera contabilizaciòn de recursos econòmico-
financieros.
Nuestra apuesta se orienta al fortalecimiento de la escuela media y de la educaciòn
superior no universitaria como alternativas reales en la diversificaciòn
de la oferta educativa con calidad.
Es legìtima la existencia de una poblaciòn escolar egresada de
la escuela media que presiona por el acceso a la educaciòn superior
; forma parte si se quiere de un proceso mayor de democratizaciòn en
el acceso al conocimiento. Sin embargo, el sistema universitario parece no
poder procesar la heterogeneidad de actores que año tras año
acceden al circuito, asì como la oferta, la conformaciòn de una
propuesta curricular que interpele desde el respeto a la diversidad de los
ingresantes. Por otra parte hay que pensar que la polìtica universitaria
tambièn debe abarcar reflexiones en torno a la distribuciòn del
gasto en una sociedad atravesada por la polarizaciòn y desafiliaciòn
social.
Hay que insistir hasta el cansancio en que la educaciòn superior debe
constituirse en un àmbito de excelencia, pero excelencia no significa
necesariamente rescatar propuestas sectarias o discriminatorias.
A Modo de Cierre Provisorio.
Hemos intentado recorrer la historia universitaria argentina recuperando
sus mejores tradiciones democráticas. También nos propusimos
analizar el impacto del proyecto económico – social
hegemónico en el campo de la educación superior.
Creemos que solo es posible dimensionar el embate neoliberal en la educación,
si a la vez reconocemos los procesos de privatización y ajuste educacional
que se están implementando tanto en nuestro país como en otros
de América Latina en un contexto màs amplio, el de las dinámicas
de reestructuración política, económica, social y cultural
del capitalismo finisecular.
Entendemos a la educación como un espacio donde se disputan significados
y a la vez donde se construye hegemonía. Por ello, abordar críticamente
algunas posibles tendencias de polìtica universitaria donde se definen
estrategias político – pedagógicas para el próximo
milenio reconoce un sentido de resistencia. Frente a la tentativa neoliberal
de despolitizar lo pedagógico reduciéndolo a una cuestión
meramente técnica, sostenemos por el contrario, el carácter eminentemente
político de la educación ( en especial de la educación
superior ) y la necesidad de interpretar el campo pedagógico como un
campo de lucha democratica y de emancipación socio – cultural.
Frente a un proyecto de dualizaciòn social y a la vez pedagógica,
nos oponemos al discurso retórico de la calidad ( que termina siendo
calidad para unos pocos y educación empobrecida para las mayorías
populares ) así como al deterioro laboral / salarial de nuestros docentes
y el abandono de la educación publica, gratuita y universal, herramienta
básica en el proceso de humanizaciòn de nuestras sociedades.
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