IDEARIO REFORMISTA
TRES ASPECTOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA
por Julio Antonio Mella
1. La democracia universitaria. Un principio fundamental en la reforma
universitaria es la organización democrática de la
enseñanza. En cada uno de los lugares donde se ha luchado
por la nueva universidad – Argentina, Chile, Perú, La
Habana – se ha dado una organización democrática
a la universidad. No hay argumento posible contar los derechos de
los estudiantes a regir sus instituciones. Si reconocemos que el
ciudadano – inclusive el analfabeto – puede elegir hasta
al presidente de la República, no hay razón para negar
este derecho a los estudiantes y que elijan su rector y demás
autoridades universitarias. Pero la elección de rector no
es todo. Se necesita que también los estudiantes tomen participación
y dirijan la vida docente – planes de estudios, reformas de
horarios, elección de autoridades subalternas en las escuelas,
etc. – y para la realización efectiva de esta función
hay que crear un órgano adecuado. Las escuelas deben tener
una asamblea legislativa formada por lo profesores e igual número
de alumnos. Nadie puede pensar que éste mermaría el
prestigio de los maestros. Por el contrario, habría una mayor
comunicación laborando codo con codo por la mejora de la institución.
El estudiante, con mayor responsabilidad, adquiriría una mayor
seriedad para tratar los problemas. Así incubaríamos
directores eficaces de la vida ciudadana. Hay que recordar cómo
en una época las universidades – la actual de la Sorbona,
por ejemplo – eran verdaderas repúblicas donde maestros
y alumnos convivían en un amplio espíritu de camaradería.
Vemos en aquellas clases donde el maestro trata al alumno con cordialidad
que éste corresponde. Pero en las otras donde el maestro pretende
ser un gendarme convierte a los alumnos en burladores de esa ridícula
autoridad.
Junto a la asamblea de profesores y alumnos de cada escuela debe
existir la gran asamblea universitaria, formada por todas alas anteriores. ¿Organismo
enorme? Recordemos que si unos cuantos hombres cultos – profesores
y estudiantes – no pueden ponerse de acuerdo ¿cómo
vamos a creer en la posibilidad de un gobierno de instituciones por
el pueblo en general? No serán menos los mexicanos que los
argentinos o los chilenos o los cubanos donde las asambleas universitarias
legislan y eligen en perfecta armonía
2. Renovación del profesorado. La parte fundamental de la
universidad son los alumnos. La universidad existe para enseñarlos.
Ellos vienen a ser como los obreros en la industria: los únicos
que dan “valor”a la producción. Pero una entidad
docente sin buenos profesores es nula. Los mayores males provienen
del profesorado. Los hay rutinarios, elementos que han escalado las
cátedras por favoritismo; otros, son buenos fóseles
que nos repiten un viejo disco; algunos suspiran con don Porfirio.
Y los hay, también, para quienes la ciencia no avanza. Lo único
que recuerdan es lo que saben desde jóvenes. También
es necesario ver el aspecto moral. El maestro necesita estar vinculado
con la ideología de su época y sentir los problemas
de la sociedad. De otra manera su labor resultaría estéril.
En todo movimiento de reforma universitaria es necesaria una renovación
del profesorado. Sin un profesorado revolucionario, de nada vale
las otras reformas en la universidad. Ellos continuarán siendo
los saboteadores del nuevo espíritu.
El Consejo Universitario o un tribunal de honor, es decir, que no
resolverá apegado a normas legales, deberá recibir
las acusaciones que se tengan contra profesores. Las analizará y
resolverá. Si el profesor no reúne los requisitos necesarios
para formar parte de la nueva universidad debe salir. No vemos por
qué la revolución, que no ha respetado a los antiguos
políticos y militares; debe respetar a los antiguos maestros.
Ellos continuarán la crítica a las reformas obreras,
agrarias y en materia de culto. La juventud, nutrida por los restos
del “cientifismo profirista” , que aún perdura
como tendencia, no será impulsado en la revolución,
sino un lastre.
En los movimientos universitarios de Latinoamérica, la juventud
es la que ha expulsado a esos maestros por medios revolucionarios.
Aquí, si la juventud no lo ha hecho, si no lo hace, el propio
llamado “partido revolucionario” debe hacerlo por su
salud y seguridad. No hay razón para expulsar clérigos,
matar latifundistas y condenar patronos abusadores y permitir a sus
aliados intelectuales – los profesores reaccionarios – que
continúen ocupando sus posiciones: Ellos tienen un pensamiento
tan estéril como un latifundio, una fe hipócrita como
la de los clérigo y son tan explotadores de conciencia como
un patrón capitalista.
3. Función social. En el movimiento de reforma universitaria,
no todo es conquista de derechos para los estudiantes. Existen también
nuevos deberes que se contraen. El más importante es hacer
el propio alumnado una cruzada de utilidad social. Debe hacerse que
la universidad sirva grandemente a la sociedad.
Cada estudiante, como cada profesor, es propietario de una cierta
riqueza de conocimientos. Si solamente la utiliza en su propio provecho
es un egoísta, un individualista imbuido del criterio del
burgués explotador. Descontando la pequeña cantidad
de estudiantes que trabajan para ganarse su sustento, la inmensa
mayoría son células muertas en la vida económica
de una nación: no producen y consumen. Indudablemente que
alguien, socialmente hablando, tiene que producir lo que ellos no
producen y consumen. Son signos en la vida social. Hay razón
a exigirles algo a favor de esa sociedad. ¿Tiene cultura?
Que la pongan al servicio de la sociedad. Una ley de reforma universitaria
debe abarcar un punto donde se obligue al estudiante y al profesor
a ser útil para alguien más que para ellos mismos.
Debe ser obligatoria la cruzada de enseñanza a los obreros
y elementos pobres (universidades populares), de servir como profesores
en la campaña contra el analfabetismo, de tomar parte en los
consultorios gratuitos de estudiantes de jurisprudencia, medicina
y odontología que debe establecerse en todos los barrios.
Y profesores y alumnos deben en las clases, en los seminario de investigación,
en comisiones especiales, estudiar coda uno de los problemas nacionales.
Situación higiénica del país, crisis industriales,
problemas de transportes, reformas a la legislación, etc.
La universidad debe servir de cuerpo consultivo al estado.
Si vamos hacia la universidad del porvenir, hacia la nueva universidad
y no l hacemos grandemente útil a la sociedad, quedaremos
en mitad del camino. Las masas populares ven hoy, con bastante justicia,
a los cuerpos docentes cOmo unos órganos más de explotación.
Debe justificarse con hechos que la universidad es un órgano
social de utilidad colectiva y no una fábrica donde vamos
a buscar la riqueza privada con el título…
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