¿QUE ES Y QUE CENTRO DE ESTUDIANTES
QUEREMOS LOS SOCIALISTAS?
Porqué existen los centros de estudiantes,
para qué sirven, qué función cumplen
hoy y cuáles creemos nosotros que deberían
cumplir; son algunos de los interrogantes que vamos
a tratar de responder.
Los estudiantes compartimos un mismo espacio durante
un período de tiempo más o menos importante:
cinco, seis o más años. Durante este
tiempo asistimos a la misma facultad, cursamos las
mismas materias, caminamos los mismos pasillos, lidiamos
con los mismos trámites, etc. Esto es así desde
que las facultades existen y nosotros concurrimos a
ellas. Es casi obvio decir que de esa experiencia conjunta
surgen, y surgieron siempre a través del tiempo,
necesidades, inconvenientes, ideas renovadoras, críticas,
quejas o dificultades.
El origen de la existencia de los centros de estudiantes
tiene que ver, precisamente, con lo que anteriormente
describíamos. La discusión académica,
la discusión política, las ganas de solucionar
problemas, el interés por mejorar el lugar en
el cual pasamos años de nuestras vidas, las
ideas que surgen de los momentos que compartimos, fueron,
sin duda, las razones y el motor que empujaron a los
estudiantes a unirse, agremiarse y lograr una fuerza
significativa que tuviera la posibilidad de representar
y llevar adelante sus planteos.
Más allá de lo anterior, qué son
y qué rol deben cumplir los centros de estudiantes
es, por supuesto, materia de discusión política.
DOS VISIONES
Si consideramos a la Universidad como una institución
cerrada que posee una serie de conocimientos incuestionables,
algo así como una fábrica de profesionales
donde los estudiantes entramos sin saber nada, pasamos
un tiempo estudiando y memorizando esos conocimientos
absolutos y salimos recibidos sabiendo todo lo que
se puede saber en esta etapa de la educación
superior, entenderíamos a la Universidad como
algo estático y que, por lo tanto, no va a modificarse
nunca, pase lo que pase fuera de las aulas.
Los socialistas, en cambio, concebimos a la Universidad
como parte de un todo y no como una institución
aislada a la cual los cambios sociales no la afectan.
Por lo tanto, entendemos que es tan cuestionable como
la sociedad misma a la que refleja y de la que ella
forma parte.
Esta visión de la Universidad es la que nos
permite entender que el proceso del conocimiento no
es estático sino dinámico y dialéctico;
que lo que se enseña en las facultades forma
parte de la cultura, las costumbres, los conocimientos,
la historia, las raíces de una sociedad; y que,
como las sociedades cambian, como cambian sus costumbres
y su cultura, como se adquieren nuevos conocimientos
y se producen nuevos hechos históricos, también
se modifican las enseñanzas que en las facultades
se imparten.
Existen, fundamentalmente, dos grandes visiones acerca
de lo que un centro de estudiantes debe ser. La división
entre ellas se relaciona íntimamente con lo
describíamos recién acerca del concepto
de lo que es una Universidad, pero también tiene
que ver con el concepto que tengamos acerca de nosotros
mismos: los estudiantes. Tiene que ver con el rol que
consideramos que los estudiantes en particular y los
jóvenes en general, podemos tener en los procesos
de cambios sociales.
Aparece entonces, por un lado, una visión funcionalista
o administrativista que considera que los centros de
estudiantes deben ceñirse a colaborar en cuestiones
académicas de la facultad. El centro de estudiantes
debe servir de nexo entre el “arriba” y
el “abajo”, entre las autoridades académicas
y los estudiantes que tienen necesidades funcionales,
es decir problemas o inquietudes cotidianos que surgen
de la cursada como inconvenientes para entender determinados
temas, problemas con algún docente injusto o
falto de capacidad para desarrollar los contenidos,
cuestiones administrativas relativas a los trámites
que se realizan dentro de la institución o el
desarrollo de temas, proyectos o actividades por parte
de los alumnos que tengan que ver con la currícula.
Según esta visión el centro de estudiantes
se limita a brindar servicios y atender reclamos y
para que su tarea sea considerada correcta, debe llevarla
adelante de manera eficiente.
Por el otro carril se encuentra, en cambio, la visión
conforme la cual los centros de estudiantes adquieren
el espíritu reformista de 1918. Bajo esta nueva óptica,
los centros de estudiantes no se conciben solo para
resolver las cuestiones funcionales y administrativas,
sino que se convierten en un gremio que coloca a los
estudiantes en un rol protagónico en el proceso
de adquisición y elaboración de los conocimientos
que se dan en la Universidad. Si como explicamos al
principio, entendemos que estos conocimientos no son
incuestionables sino que surgen de la sociedad en la
que vivimos, esta última posición también
coloca a los estudiantes en el papel de cuestionar
y criticar, tanto a la Universidad como a la realidad
social misma.
Según esta visión, el centro de estudiantes
pretende tener opinión y formar parte no solo
de las discusiones de los asuntos académicos
sino también acerca de las cuestiones sociales.
COMO FUNCIONAN HOY LOS CENTROS DE
ESTUDIANTES
El avance de la cultura del neoliberalismo durante
la década del 90, redujo sensiblemente la capacidad
cuestionadora de la Universidad. El proceso de privatizaciones
y reducción del Estado afectó, sin dudas,
también a la Educación Pública.
En ese marco, los centros de estudiantes así como
los gremios de trabajadores fueron volviéndose,
cada vez, menos convocantes; fueron perdiendo progresivamente
su facultad movilizadora y, de esta manera, se fue
desvaneciendo su capacidad de crítica hacia
lo establecido y de reivindicación en pos de
una realidad distinta. Este proceso fue acompañado
por dirigencias políticas y gremiales cómplices
- en la gran mayoría de los casos, corruptas
- que pretendieron asistir como espectadora, al entierro
de las centrales gremiales (tanto estudiantiles como
obreras).
Como consecuencia de lo anterior, los estudiantes
nos encontramos con centros desmovilizados, sin ninguna
inserción con respecto a lo que pasa fuera de
las facultades y altamente desprestigiados y el movimiento
estudiantil, que debería caracterizarse por
ser uno de los sectores más dinámicos
de la sociedad, está desarticulado, no tiene
claro hacia donde ir y no es capaz de llevar adelante
ningún tipo de reivindicación.
Frente a esta situación, aparecen las típicas
soluciones facilistas que no son más que deformaciones,
tanto por derecha como por izquierda. Entre los primeros,
están quienes consideran que los centros deben
reducirse a brindar servicios y “no meterse más” en
cuestiones que no tengan que ver estrictamente con
lo académico (volviendo a aquella visión
administrativista); y, aún peor, están
los que creen que “en los tiempos modernos” la
existencia misma de los centros de estudiantes ha perdido
sentido. Entre los segundos, se paran aquellos que
sostienen que a este tipo de planteos sólo se
los puede combatir a través de centros de estudiantes “para
la lucha” que supuestamente estarían únicamente
preocupados por la cuestión social.
Mientras tanto, producto de esta crisis, los centros
de estudiantes no logran convertirse en una herramienta
de representación gremial efectiva y su imagen
se encuentra impregnada de desprestigio; viendo afectada
su propia capacidad para atender todo tipo de cuestiones:
desde las académicas y las que hacen a la cotidianeidad
de todos los estudiantes, hasta las que involucran
al conjunto de la sociedad.
QUE CENTROS DE ESTUDIANTES QUEREMOS
LOS SOCIALISTAS
Evidentemente y tal como surge de los párrafos
anteriores, los socialistas no compartimos ninguna
visión que implique reducir a los centros de
estudiantes a una mera oficina de reclamos. Estamos
convencidos que los estudiantes, que los sectores jóvenes
de la sociedad, tenemos muchas cosas para decir, que
queremos participar de los procesos de transformación
social y que debemos generar nuestras propias herramientas
para representarnos.
Sin embargo, también creemos que el principal
problema que hoy nos toca enfrentar es cómo
reconstruir la relación entre las instituciones
representativas, o sea los centros, y sus representados,
es decir todos nosotros, los estudiantes. El desafío
es cómo volver a crear espacios en los que se
pueda confiar, con los cuales uno se identifique, de
los que uno desee formar parte y sienta que están
trabajando en función de nuestros intereses
como comunidad estudiantil.
Como decíamos antes, nos oponemos a convertir
a los centros de estudiantes en oficinas de atención
al cliente pero tampoco somos partícipes de
aquellas posturas que entienden que sólo deben
estar preocupados únicamente por lo que pasa
fuera de la facultad porque de esta manera se terminan
alejando por completo de la realidad cotidiana de los
estudiantes.
Esto no quiere decir que ignoremos que los problemas
de adentro y de afuera de la facultad están íntimamente
relacionados, que se afectan mutuamente y que, por
lo tanto, no podemos dedicarnos a solucionar unos sin
atender los otros.
Por eso sostenemos que en la reconstrucción
de los nuevos centros de estudiantes deben estar presentes
ambos elementos. No se está más comprometido
con la realidad social ni se es más combativo
si se es incapaz de solucionar un problema concreto
con un docente o no se le da importancia a la gestión
administrativa de un centro; como tampoco se es más
realista ni más eficiente si no te preocupa
lo que pasa en el país o lo que sucede con la
deuda externa que afecta directamente al presupuesto
nacional y por lo tanto a la educación.
Para convertir en realidad estas nuevas instituciones,
en ellas deben necesariamente, participar los estudiantes.
No podemos concebir un nuevo centro de estudiantes
sin que sean los mismos estudiantes quienes propongan,
discutan, exijan y formen parte activa de los mismos.
Para esto, tenemos que implementar mecanismos de participación
tales como el presupuesto participativo, las encuestas,
los plebiscitos, los delegados de curso y las asambleas
abiertas.
Comprometerse y formar parte de los procesos de transformación
social.
No encontrarse al margen de lo que sucede en nuestro país.
Ser protagonistas, desde nuestra propia visión, de la lucha por
un país con igualdad, solidaridad y justicia social, junto con
otros movimientos sociales
Trabajar en la realidad cotidiana de los estudiantes.
Tener también la capacidad de resolver cuestiones administrativas,
académicas y gremiales hacia adentro de las facultades (tales
como la calidad de la enseñanza, la gestión de los apuntes
y fotocopias o los reclamos acerca de algún docente).
Involucrar a todos los estudiantes en la vida y la toma de decisiones
de su centro de estudiantes.
Solo a partir de estas premisas vamos a poder reconstruir
la relación con el conjunto de los estudiantes
y podremos sentar las bases para la edificación
de nuevos centros de estudiantes: centros de estudiantes
participativos, innovadores y vinculados con la sociedad.
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